Shibori

30 de junio de 2015


Junio. Ese mes en el que no puedes ir caminando a Mordor, porque ya estás en Mordor. Y te está atacando el Imperio. Mientras Voldemort se cuela en tu cerebro y lo hace puré. Junio.

A ver, empieza el verano y eso siempre está bien, aunque por la noche se te peguen las sábanas y no consigas dormir hasta que entra la brisa de las tres de la mañana. Pero es que junio es un mes maldito con el que tengo una relación de amor-odio.

Este año, además, el pompón friki ha terminado la primaria. Whaaaat? Sí. A mí me parece que hace media hora todavía tenía tres años, pero no, se ve que no. De hecho, si buceáis por el blog vais a encontrar unas cuantas fotos del friki con dientes de leche todavía, pero de algún modo se ha hecho mayor. Él solo, porque los demás estamos plantados en un cómodo limbo de juventud.

Pero yo hoy venía a contaros otra cosa. Y todo empezó hace muchos meses. Fue culpa de Núria y de mi famoso culoveoculoquierismo. Cuando vi que ella se había apuntado a una comunidad creativa llamada Handbox, yo también quise. Y aunque al principio no entendía muy bien dónde me había metido, con el tiempo la comunidad ha ido creciendo y convirtiéndose en un sitio chulo para buscar tutoriales y conocer blogs nuevos.

Hace unas semanas me escribieron de Handbox para preguntarme si quería unas muestras de Tintes Iberia para probar y para hacer algún proyecto. Aunque junio es MAL, como soy una inconsciente dije que sí. Y así, en lugar de traducir, me metí en la cocina a teñir, mezclar colores, hacer pruebas y pasármelo bien en general.

He hecho un montón de cosas diferentes (y todavía me queda un poquitín para algún otro proyecto que tengo pensado), pero lo que hacía mucho tiempo que tenía ganas de probar era el shibori. Que es una manera pija y japónida de referirnos a las camisetas hippies que hacíamos con nudos y los mismos tintes Iberia cuando yo era pequeña. Si no pasasteis por el momento camiseta hippy en vuestra infancia... no fuisteis niños.

Aquí tenéis una pequeña pista de otro proyecto teñido que os muestro la semana que viene...

El shibori se suele hacer con añil y en color azul, pero me pareció chulo hacerlo en otros tonos. El resultado, qué queréis que os diga, me encanta. He usado una sábana antigua de algodón y ha teñido perfectamente, pero la técnica se puede aplicar a cualquier prenda siempre que sea de fibras naturales.

Está de moda hacer trapos de tela de varios tamaños que se usan como mantas de pícnic, manteles o pañuelos, pero podéis ir más allá y convertir vuestros trapos en furoshikis, los envoltorios japoneses de regalo que me parecen chulísimos. Voy a ver si la semana que viene me pongo con eso y os lo enseño.

Pero me voy por las ramas. Con tinte y la técnica shibori podéis conseguir un montón de acabados diferentes. Yo opté por tres de los que me parecían más curiosos.

Necesitáis:

  • Tela de fibras naturales
  • Agua
  • Sal
  • Tintes de colores (yo usé los de Iberia)

Para hacer shibori vais a teñir a mano y no en máquina, evidentemente. No necesitáis tener recipientes dedicados únicamente a teñir, se pueden lavar después con un poco de lejía y ya está.

Usé tres litros de agua caliente para cada color, no porque los necesitara el proyecto del shibori, sino porque hice otras cosas con cada tinte. Por cada litro de agua, se añaden cinco cucharadas soperas de sal.

Abrid vuestro tinte y seguid las instrucciones. En el caso de los tintes Iberia, hay dos sobrecitos de color, para que gradúes la intensidad y otro de fijador, que se tiene que usar entero.

El color se disuelve primero en un vaso de agua caliente y luego se mezcla con el agua con sal y el fijador. Y ya tienes el tinte listo.

Los dibujos que crea el shibori van en función de lo que hagamos con la tela. Podemos anudarla, atarla, doblarla...

Para crear el dibujo de estrellas, doble mi tela como si fuera un acordeón longitudinalmente, es decir: un doblez hacia delante y otro hacia atrás. Cuando tuve un rectángulo muy largo de tela, hice el mismo movimiento de acordeón, pero formando triángulos. Si no entendéis bien cómo se hace, decídmelo y os grabo un vídeo. Sujeté el triángulo con un par de pinzas (de centro de bricolaje: una de las mejores compras ever, baratísimas y súper útiles) y mojé las tres puntas del triángulo un ratito.


En principio, para conseguir un color muy vivo hay que sumergir la prenda durante 40 minutos, pero yo trabajé con intervalos de entre 10 y 15 minutos y estoy muy contenta con el resultado para el shibori. Eso sí, las prendas de ropa (que también he teñido) sí que necesitan un poco más de tiempo sumergidas.

Sacáis la prenda del tinte y la enjuagáis bien. Pero muy bien. Hasta que el agua salga transparente. Con ganas. Luego solo os queda poner la prenda a secar y ya la tenéis.

Para hacer el shibori naranja doblé la tela a la mitad dos veces, como para formar una cruz, y luego, sencillamente, la enrollé y la sujeté con cuatro gomas elásticas. Usé las de los espárragos que son más anchas y me gustan mucho. Metí el churro resultante en vertical, para que sobresaliese una parte.


Y la técnica del verde era la que tenía más ganas de probar. Normalmente se hace con bloques de madera, pero yo no los tenía y no sabía qué usar. Hasta que me fijé en la caja del queso que mi madre nos había traído de Francia (gracias, mamá!). Desmonté la caja y voilà. En este caso hay que doblar la tela formando un cuadrado un poco más grande que las piezas que vamos a usar. Ponemos una pieza delante y otra detrás y las sujetamos con gomas elásticas, apretando muchísimo. Sumergimos completamente en el tinte durante un rato y ya está.


Os voy avisando: es completamente adictivo. Pero mucho. Vais a empezar a buscar en casa trozos de tela que podáis convertir en pañuelos maravillosos. No se puede hacer nada por evitarlo, es así.

Y para que veáis que no paré en el shibori, aquí tenéis a la pompona luciendo camiseta nueva con tinte naranja y rojo. Sus hermanos quieren una camiseta igual. Lo que os decía: sin camiseta teñida no hay infancia...


Camino a Mordor

13 de mayo de 2015

 

2863 kilómetros. Eso fue lo que caminaron Sam y Frodo desde Hobbiton hasta Mordor. Aunque tiendo a definirme como friki (casual friki, vale), es un dato que descubrí ayer por la noche. Un dato que me fascinó, la verdad, de una manera total, absoluta y premonitoria.

Porque después de asimilar ese dato, lo único en lo que pude pensar fue en hacer exactamente el mismo camino, llegar a Mordor y, como no tengo anillo que lanzar, bailar una jota en el Orodruin mientras le hago una peineta a Sauron.

Total, que lo he comentado esta mañana en Instagram, como quien no quiere la cosa, y me ha sorprendido recibir alguna respuesta animada e incluso me atrevería a decir que entusiasmada. Y mientras me hacía la comida he pensado: "Qué carallo, vamos a montar un reto como Galadriel manda".

O sea, que me he venido aquí para anunciaros el primer reto "Camino a Mordor", que consiste, básicamente, en conseguir caminar 2863 kilómetros en un año. O un año y medio, quejicas.

En realidad, si hacéis algunas matemáticas básicas, Sam y Frodo tardaron unos dos meses en hacer todo el recorrido. Y eran hobbits. Con las piernas cortas. Si esos dos medianos lo hicieron, ¿no vamos a poder hacerlo nosotros que somos... ¡catalanes! ¡Madrileños! ¡Andaluces! ¡Meseteros! ¡Chicarrones del norte! ¡Sudakas orgullosos!

Que no se diga que los hobbits son más que los de Bilbao...

¿Quién se apunta?


REGLAS

Porque esto no es un reto si no ponemos algunas


1 - Hay que caminar todos los días. Un mínimo de cinco minutos. Podéis caminar cuando vais a comprar, a buscar a los niños al cole o lo que queráis, pero hay que caminar cinco minutos al día como mínimo (y si queréis llegar a hacerlo en un año, ¡más vale caminar un pelín más!). No os podéis saltar ni un solo día, en solidaridad con los hobbits y los elfos caídos. Y porque cinco minutos los tiene cualquiera, no me digáis que no.

2 - No valen las caminatas en casa o en el trabajo. Ni la cola del súper. Ni cuando te levantas del sofá para ir a la nevera a pillar una cerveza. Nope. Nein. Niet.

3 - Hay que beberse un zumo de frutas (con verduras o sin ellas) todas las mañanas. Los hobbits tenían lembas y acordaos de lo que les pasó. Por mucha energía que les dieran al final estaban hartísimos de comer únicamente esos cuadraditos insípidos. Necesitamos comida élfica variada para nuestro reto y como no tenemos, nos conformamos con frutas y verduras de todo tipo, mezcladas como queráis.

¿CÓMO LO HACEMOS?

Fácil. Tengo el reto creado en Endomondo. Solo os tenéis que bajar la aplicación al móvil y pasarme vuestra dirección de correo para que os envíe una invitación. O hacer clic aquí. A partir de ahí, veréis quién va líder (espero ser yo, ya os aviso) y cuánto os queda para pillarlo y todo eso.

Si queréis podéis ir haciendo updates en vuestras redes sociales. Yo me comprometo (sí, sí, me comprometo) a colgar en Instagram y Facebook como mínimo una vez a la semana una foto con mini receta de zumo de fruta y un update de kilómetros caminados/kilómetros totales. El hashtag, como no puede ser de otra manera #caminoamordor.

¡¡PREMIOS!!

Aunque esto es, principalmente, un reto contra nosotros mismos, no tendría la más mínima gracia si no hubiese premios, ni goodies, ni otras cositas chulas para compartir y por las que luchar. Así que habrá premios. Y hasta camisetas. Lo que pasa es que como la idea esta del reto la he tenido hace apenas una hora, como que todavía no he pensado cuáles. A lo mejor una licuadora para hacer tus zumos más fáciles. O un pack coleccionista de El señor de los anillos (esto es mala idea porque seguro que todos lo tenéis ya, ¿NO?). O un anillo único, para que lo tiréis vosotros mismos al Monte del Destino donde ya estaréis. No lo sé, pero habrá premios, lo juro. Y puede que incluso haya alguna descarga con recetas de zumos matinales (o polos, ahora que aprieta el calor). Y camisetas. Nada es real hasta que se hacen camisetas.

Venga, vamos, apuntaos. Caminad conmigo hasta Mordor para salvar la Tierra Media (o la zona media de nuestro cuerpo, quizás).

Disclaimer: La idea de caminar a Mordor la leí en Nerd Fitness. Ellos no se referían a caminar los 2863 kilómetros, sino a salir a caminar de una vez por todas, pero yo, que soy casi vasca, decidí que recorrer exactamente la misma distancia que Sam y Frodo me parecía muchísimo más interesante que salir a caminar media hora cada día.

Organización para desorganizados: cómo conseguir cualquier objetivo

29 de abril de 2015


Esto es una mezcla de Organización para desorganizados con Posts encadenados. Estoy que lo peto.

Os vais a sorprender muchísimo cuando os diga que me cuesta un montón mantener mis buenos propósitos. Sí, ya oigo vuestros "¡Ah!" y vuestros "¡No puede ser!". Efectivamente, me entusiasmo, empiezo un montón de cosas y me cuesta horrores terminarlas. Puede ser una dieta, una serie de posts en el blog o beber agua todos los días (qué horror eso del agua, ¿no podría ser beber margaritas mientras comes patatas bravas?). La cuestión es que me pongo un objetivo y NO LO CONSIGO. Casi nunca.

Pero eso va a cambiar starting now, porque después de sesudas charlas conmigo misma he descubierto que no consigo mis objetivos porque me faltan dos cosas: organización y motivación. ¿Os suena de algo?

Así que hoy os traigo los mejores consejos que he leído por ahí y que voy a poner en práctica para conseguir cualquier cosa que me planteo. ¿Vamos allá?

1. PLANIFICA. Ya lo sé. Ya solo la palabra da un poco de pereza. Pero es que los desorganizados tenemos tendencia a empezar la casa por el tejado. And you know it. Piensas en esa serie para el blog y lo primero que haces es la pestaña en la que vas a poner todos esos posts que todavía no tienes escritos. Quieres salir a correr todas las mañanas y te compras unas zapatillas increíbles y una camiseta dri-fit de esas que respiran por todas partes porque te va a hacer falta cuando ya corras maratones. Mal. Muy mal. Siempre hay que empezar por el principio. Cuando te plantees un nuevo objetivo, dedica el primer día a no hacer nada más que planificar. Nada de tocar el código del blog ni de ir de compras. No. Nein. Niet. Coge una hoja de papel y un boli y apunta todo lo que tienes que hacer para conseguir tu objetivo. Planifica qué vas a hacer cada día, qué necesitas tener en casa (de una manera realista; para salir a correr, por el momento, te vale con cualquier camiseta), cómo vas a organizarte los horarios o qué tienes que preparar de antemano para tenerlo todo a punto cuando empieces con tu objetivo. Hazte un plan que luego solo tengas que seguir, sin pensar. Pensar nos da pereza a todos y está sobrevalorado.


2. SÉ METÓDICO. *bostezo* Sí, ya, esto también es aburrido, pero es la clave de todo el proceso. Si quieres escribir en tu blog todos los días, bloquéate un par de horas, idealmente siempre a la misma hora, para escribir, hacer mantenimiento o comentar. Dos horas de blog. Si estás haciendo dieta, come siempre a la misma hora, prepárate una buena comida y siéntate a la mesa. Todos los días. Si quieres pagar la hipoteca, ten algún tipo de plan (¿os acordáis de las monedas de 2 euros de las que hablamos hace tiempo?) y cíñete a él. Entra en la página del banco todos los días para ver cómo van tus finanzas. Dedica dos horas diarias a purgar tu casa y buscar cosas para vender y sacar un ingreso extra. Ahorra dinero todo el mes y ve a ingresarlo a la cuenta de la hipoteca todos los días 1 del mes siguiente. Ser metódico y repetitivo es la mejor manera de crear un hábito y, a largo plazo, de hacer las cosas por costumbre y conseguir tus objetivos casi sin darte cuenta.

3. VUELVE ENSEGUIDA AL BUEN CAMINO. Te invitan a una fiesta de cumpleaños y te saltas la dieta. Se te pincha una rueda del coche y no puedes ahorrar ese mes. Quieres salir a correr todos los días, pero un día te encuentras mal y te quedas en el sofá. Chachi. Cosas que pasan. Olvídate tan rápido como puedas y vuelve a hacer lo que sabes que tienes que hacer para conseguir tu objetivo. Un día malo lo tiene cualquiera, no dejes que se alargue y se convierta en tres meses malos.

4. SIÉNTETE UN PRIVILEGIADO. Es difícil seguir adelante con cualquier objetivo si siempre crees que te estás perdiendo un montón de cosas, si piensas que te estás sacrificando. En cualquier momento vas a decirte a ti mismo que vale ya y vas a dejar el objetivo por imposible. Tienes que sentir que lo que haces es un lujo y que tienes más suerte que nadie, que todos los demás deberían estar haciendo lo que haces tú. ¿Estás a dieta? Cómprate las mejores frutas y verduras, prepárate unas ensaladas de escándalo. Haz que tu familia o tus amigos quieran comer lo mismo que tú. ¿Ahorras dinero? Piensa que es una suerte poder disfrutar de tu casa, tener tiempo para hacer lo que siempre quieres hacer y además, de rebote, poder ahorrar para deshacerte de cualquier deuda o para hacer el viaje de tu vida o comparte un coche. Aprovecha para mimarte con cosas que no sean materiales, con tiempo para leer o ver pelis o series, para hacer punto, para quedar con tus amigos en casa o para organizar torneos de juegos de mesa. ¿Sales a correr? Piensa en lo mucho que cuidas tu cuerpo, en lo en forma que estás y en cómo aprovechas el tiempo escuchando noticias, música o podcasts, o teniendo un rato para ti solo sin más. Los que no corremos no lo tenemos y lo envidiamos.


5 - MOTÍVATE. Aquí viene la parte del post encadenado. El segundo más visto de la historia de este blog es el de las modestísimas cadenas de papel, las guirnaldas típicas que hacen los niños para cualquier fiesta. Pensaba renovarlas con papeles más bonitos y tal, pero luego me encontré con un uso muy diferente para ellas y me encantó. Se trata de usarlas como recordatorio visual de lo que te queda para conseguir tu objetivo. En el caso de ese blog es un objetivo financiero, acabar con sus deudas, pero tú lo puedes usar como quieras. Cada eslabón de la cadena es un paso que te acerca a tu objetivo. ¿Quieres adelgazar? Cada eslabón pueden ser 200 gramos que pierdes y arrancas de tu cadena. ¿Quieres liquidar la hipoteca? Cada eslabón puede equivaler a 1000 euros pagados, o 500, o lo que te vaya bien. Puedes incluso escribirlo dentro de la propia cadena, si quieres. ¿Quieres que tu blog crezca hasta los 10.000 seguidores? Cada eslabón puede ser 500 seguidores nuevos. Invéntatelo como quieras, con cantidades o con pasos que tienes que lograr para poder acceder al siguiente (eso a mí me motiva muchísimo). Ponte un eslabón con un premio de vez en cuando, o déjate mensajes positivos para leer cada vez que arranques un eslabón. Crea una cuenta atrás de días. Me chifla la idea y le veo muchísimas posibilidades, ¿no?

Y cuando todo lo demás falle, usa mi consejo favorito:

6 - INSISTE. Yo soy tozuda como una mula, cabezona para aburrir, y aunque la planificación me mate, sigo adelante, insisto e insisto. Puede que no consiga mis objetivos tan rápidamente como la gente que es más organizada que yo, pero consigo muchas cosas simplemente siendo cansina. Haciéndolo UNA Y OTRA vez. Aprendiendo lentamente a base de prueba y error. Dándome un montón de batacazos. Yo insisto. Insiste tú también.

En perspectiva

21 de abril de 2015


Hoy os iba a hablar de otra cosa que no tenía nada que ver, pero ayer vivimos una tragedia en Barcelona y me ha parecido un buen momento para reflexionar un poco sobre la educación, la comunicación y la responsabilidad que tenemos todos como sociedad.

En cuanto se supo que un alumno había matado a un profesor, enseguida empezaron a correr ríos de tinta. Enseguida se empezó a especular. Enseguida se empezó a pedir la cabeza de alguien y a exigir que los niños puedan ir a la cárcel desde los ocho años. No me malinterpretéis, yo lo entiendo. Son cosas que te paralizan porque te cuesta entenderlas. Yo tengo un hijo de 11 años y ese chico tiene 13, apenas dos más. Es fácil dejarse llevar, no comprender nada y asustarse. Pero antes de hablar hay que pensar.

Pensar, antes que nada, que tanto el profesor como el alumno tienen familias. Que lo que acaba de ocurrir es un drama para el entorno de esas dos personas. Que detrás de ese profesor hay muchas personas rotas de dolor. Pero que detrás de ese niño, también. Quizás haya unos padres que no sepan qué ha pasado. Quizás haya una situación familiar complicada. Puede que haya un hermano muerto de miedo. No es el momento de ponernos a gritar muy fuerte, por muy conmocionados que estemos.

Y no es hora de pedir cabezas ni leyes más duras. Escuchaba hoy en las noticias cuál es el protocolo, qué se hace cuando un niño de esta edad comete un acto criminal. Es una institución dedicada a la protección de los menores la que se hace cargo de ese niño. La institución evalúa si hay situaciones peligrosas en el entorno del menor, o si el niño tiene algún problema psicológico. Y actúa en consecuencia. Desde luego, me parece la manera más lógica de abordar la situación. Me parece que está bien. No querría bajo ningún concepto que se juzgara a un niño de doce o trece años como se juzga a un adulto. No querría que rebajásemos más todavía la edad a la que hacemos pasar a los críos a la madurez, porque durante las últimas décadas la hemos ido adelantando tanto que antes de que los los niños lleguen a la pubertad ya los consideramos casi adultos y los cargamos de responsabilidades que los consumen. Me parece bien que se evalúe al menor y se presuponga que todavía no es muy consciente de la gravedad de sus actos, porque, sinceramente, dudo que lo sea.

Por otro lado, hay una cosa que sí me molesta y de la que me parece que somos poco conscientes. En muchas culturas los niños son de todos, de la sociedad entera. Y parecería que en la nuestra no. Ayer leí a gente muy indignada que se preguntaba por qué nadie se había dado cuenta de nada. ¿No lo habían visto los profesores? ¿Sus compañeros? ¿Sus padres? Y me gustaría devolver la pregunta: ¿nos fijamos acaso en la gente que tenemos alrededor? ¿En los compañeros de clase de nuestros hijos? ¿En los niños del parque? ¿Echamos una mano? ¿Ayudamos a educar? ¿Toleramos las críticas a nuestros hijos? ¿Entendemos que los niños son niños y que necesitan que todos los adultos seamos comprensivos, tolerantes, coherentes y justos? Es muy fácil decir que "alguien" se debería haber dado cuenta. Pero ese alguien a veces deberíamos ser nosotros mismos. Todos deberíamos estar atentos, escuchar a los niños y crear relaciones de confianza para que ellos se sintieran lo bastante seguros para compartir con nosotros lo que les pasa, lo que les preocupa, lo que les da miedo. Ser niño hoy debe de ser totalmente aterrador, y todos los adultos deberíamos estar ahí para echar una mano.

Y luego está lo de siempre. No hay tragedia que no venga acompañada de su buena dosis de: "El niño escuchaba la música X, veía la serie Y, jugaba al videojuego Z, compraba el cómic W". No esperamos a saber si el crío tiene algún problema del tipo que sea, no. Cuando algo nos aterra es más fácil buscar algo a lo que echarle la culpa, y en este tipo de casos siempre es la cultura popular.

Me da rabia por múltiples motivos. El primero y más evidente es que hay muchos niños a nuestro alrededor que necesitan ayuda. Y no la necesitan porque les encante ver The Walking Dead. Necesitan ayuda porque viven en situaciones de exclusión, de maltrato físico o psíquico, de pobreza, de desequilibrio mental. Niños que necesitan menos etiquetas y más ayuda.

El segundo es porque la cultura popular es cultura popular. Hitler escuchaba a Wagner, señores, y nunca le echamos la culpa al compositor de las atrocidades que cometió el dictador. Que alguien cometa un acto terrible no tiene nada que ver con la cultura que consume, sino mucho que ver con la educación que ha recibido o con su salud mental. Mis hijos todavía no ven series de zombis porque son pequeños y les dan miedo, pero llegarán a ellas, porque en casa nos gustan. Juegan a la consola, escuchan rap, ven clásicos de los 80 y tienen las estanterías de casa repletas de cómics de todo tipo. Es probable que yo misma les ponga su primera novela de Stephen King en las manos dentro de unos años. Y si son como yo leerán ávidamente a Lovecraft y Edgar Allan Poe. Veremos películas de terror en Sitges. Se saltarán las clases para ir al salón del cómic. Escucharemos, bueno, ya escuchamos, a Metallica y a Extremoduro. Dirán más palabrotas de las que ya dicen ahora. Y serán personas totalmente normales a las que, simplemente, les gusta la cultura popular. Eso no los convierte en nada más que en personas con un gusto determinado. Un gusto que no toleraré nunca que alguien quiera criminalizar.

Sé que estas cosas nos aturden y nos dan miedo. Sé que nos aterra que nuestros hijos puedan tener que vivir una situación similar en la escuela. Sé que a veces hay cosas que no tienen explicación y que nos inventamos una mitología propia para darles sentido, porque la realidad nos destroza. Pero a veces hay que ir un poco más allá, ser más empáticos, comprender que las cosas no son tan fáciles. No solo por nosotros, sino, especialmente, por todos los niños que tenemos a nuestro alrededor, que en este momento se sienten todavía más inseguros y asustados que nosotros y que nos necesitan.

Y sobre todo, como sociedad, tenemos que ser lo bastante maduros como para ser constructivos y no correr en busca de algún culpable; ser respetuosos y no convertir en un circo el sufrimiento de tantas personas.

Nada en la nevera: Curry de restos

14 de abril de 2015


Pues venga, lanzamos ya la sección Nada en la nevera. Cada dos semanas, más o menos, colgaré una receta de aprovechamiento que puede hacerse fácilmente con los restos que tenemos en la nevera o con las cosas que normalmente desecharíamos. Nuestro objetivo: no tirar nada de comida, reducir los desperdicios y reducir también el dinero que nos gastamos en alimentos.

Hoy, como os había prometido, os cuento cómo hacer un curry con la pasta que hicimos la semana pasada. Os aconsejo que hagáis pasta una vez al mes o cada dos meses y la guardéis en la nevera para hacer un curry en cuanto se os acumulen unas cuantas verduras con las que ya no sabéis qué hacer.

En estas recetas os voy a poner un montón de alternativas para sustituir algunos ingredientes. La idea es que toméis mis indicaciones como una base para crear vuestra propia versiones. Lo ideal sería que todos investigásemos y encontrásemos nuestros favoritos. De hecho, si tenéis blog y queréis compartir alguna receta, dejadme un comentario y las iré recopilando. Podemos incluso montar un pequeño libro anti desperdicio con lo que vayamos probando y descubriendo. ¿Qué os parece?

En mi caso usé:
  • 3/4 de cebolleta que tenía abandonada en un bol (podéis usar cebolla, puerro, ajos tiernos...)
  • 2 cucharadas de pasta de curry (podéis ajustar la cantidad a vuestro gusto)
  • 3 yogures (podéis usar leche de coco, nata líquida, nata mezclada con leche...)
  • 1 vaso de agua
  • 2 zanahorias, 1 calabacín, restos de judías verdes (podéis usar las verduras que queráis, particularmente las que estén más cerca de fenecer; si tienen pedacitos un poco perjudicados, cortadlos y aprovechad el resto de la verdura)
  • Restos del pollo a l'ast que habíamos comprado el fin de semana (podéis usar restos de pollo, cerdo o ternera sin ningún problema. Si usáis pollo, deshuesadlo, pero no tiréis los huesos. Guardadlos en el congelador y pronto os cuento qué hacemos con ellos)
  • El zumo de medio limón o media lima
  • Un chorrito de salsa de pescado (podéis usar salsa de gambas, salsa de soja o nada)
  • Cilantro picado (fresco o seco. Podéis usar cualquier hierba aromática que os guste)

Poned una olla al fuego. Cortad la cebolleta a trozos grandes y ponedla en la cazuela junto con la pasta de curry. Coced unos cinco minutos, hasta que la cocina huela al paraíso.

Añadid los yogures y el agua y removed bien. El yogur no da una consistencia muy cremosa, pero es muy rico de gusto, porque tiene un punto de acidez y también es más ligero. Lo mejor es usar leche de coco, pero yo no tenía. Lo bueno que tiene usar yogur, es que podéis hacerlo vosotros mismos.

Dejad que la mezcla hierva y añadid entonces las verduras cortadas a trozos grandes y regulares. Funcionan casi todas las verduras carnosas (brócoli, coliflor, pimiento, calabacín, zanahoria, patata, boniato, berenjena, judías, espárragos, nabos...). Si tenéis restos de carne, añadidlos también ahora, para que se vuelvan más suaves y absorban los sabores.

Dejadlo cocer quince o veinte minutos, a fuego lento y tapado, hasta que las verduras estén tiernas.

Parad el fuego, añadid el zumo de limón, la salsa de pescado y las hierbas aromáticas. Removed y servid.

Si tenéis alguna patata cocida o restos de legumbres cocidas, podéis triturarlas y añadirlas a la salsa, para hacerla más espesa. Podéis hacer lo mismo con restos de frutos secos pasados por el mortero (aunque en mi casa nunca hay restos de frutos secos, arrasamos con ellos).


Ya está. Un plato fácil, que os ayuda a limpiar la nevera de restos antes de que se vuelvan radiactivos, y barata, porque aprovecha casi cualquier resto que tengáis en casa. No os quejaréis.

Nos vemos dentro de dos semanas con más Nada en la nevera.
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