Nada en la nevera: Caldo de restos

18 de enero de 2016


¡Feliz año! 2016 me estaba cayendo muy bien hasta que acabó de un plumazo con dos de mis personas favoritas sin avisar. Ha sido una semana de incredulidad total y de mucha pena. Y sí, ya lo sé, no los conocía a ninguno de los dos y BLA, BLA, BLA. Pero una puede y tiene derecho a sentir empatía y buen rollo hacia alguien a quien no conoce.

Pero 2016 ha empezado, de todos modos, muy bonito. Y eso que es el año en el que yours truly pasará al gran 4. Muchos de los objetivos que me había marcado han empezado a parecer posibilidades en lugar de sueños gracias y al trabajo lento y deliberado que hice el año pasado. Y he notado que he mejorado en cosas. Cosas como hacer deporte. O como dejar de estar enganchada al ordenador a todas horas. O como poder estar en el sofá sin hacer nada durante un par de horas. Cosas como soltar lastre y olvidarme de cosas que quería hacer o que me sentía obligada a hacer y que no tenía tiempo de afrontar. Así que por eso, te doy las gracias, 2016.

Demodé va creciendo, ya sabes, y justo hoy publico la receta de la sopa de Zanzíbar, también conocida como sopa levantamuertos o sopa curalotodo. Así que he pensado publicar aquí también algo relacionado con esa sopa (y aprovechar las fotos, ejem). De hecho, hacía muchos días que quería compartir contigo este truco que tenemos en casa para aprovechar los restos de verdura.


Nosotros somos adictos a la frutería. Al Sr. Iron y a mí nos gusta ir juntos, toquetear los tomates y pelearnos por las frutas que hay que comprar (yo, mangos, frambuesas y piña, el Sr. Iron, manzanas, naranjas y plátanos). Nos gusta pedir frutos secos y huevos ecológicos y cargar el carro hasta que ya no cabe nada más y tenemos que pedir una bolsa para las fresas. Nos encanta la frutería y diría que hasta casi nos peleamos por ir.

Mi frutería tiene además una cosa buena y es que las hortalizas traen sus hojas. Las zanahorias, las cebollas tiernas, los rábanos... todo va acompañado de una buena mata verde. Y aunque te la recortan un poco, si quieres, también te la puedes llevar a casa en todo su esplendor. Y eso es algo que hago habitualmente.

Cuando llegamos a casa, si tenemos tiempo, preparamos las verduras. Es otra de las cosas que me gusta mucho hacer. Me gusta cortar la coliflor y el brócoli y guardarlos en recipientes de cristal, listos para un salteado o una sopa, o sencillamente para ahorrarme un rato a la hora de cocinar. Me gusta ver qué tenemos planeado en nuestro menú semanal (cuando lo tenemos) y dejar ya todo listo para preparar el plato. Me gusta congelar lo que he comprado para finales de semana, y ordenar en la nevera todo lo demás. Sí, ya sabes perfectamente que me gustan muchas de las cosas marujiles de la casa y esta es una de ellas.


Cuando preparas las verduras hay una cantidad increíble de restos. Las partes duras de los espárragos, los tallos de los puerros, el tronco de las coles, las pieles y los rabitos de las zanahorias. Cosas que hace un tiempo habría tirado, pero ya no.

Desde hace unos meses, tenemos siempre un cuenco grande en el congelador. Allí vamos dejando todos estos restos, bien lavados y cortados. Como somos adictos a las verduras, es un cuenco que se llena bastante rápidamente. Cuando tengo restos de pollo, espinas y cabezas de pescado o una paletilla de jamón que ha llegado a su fin, saco la olla.

Sí, siempre tengo que añadir algo más, quizás una cebolla, una rama de apio (ya volveremos sobre el apio más adelante) o, como en la sopa que tenemos en Demodé, un pollo entero. Pero la base del caldo la hago sofriendo las verduras que tengo en el congelador siempre.

Es una chorrada. Pero para mí ha sido un game changer. Ahora hay caldo casero muchas veces en casa, algo que antes pasaba... nunca. O solo cuando alguna abuela bienintencionada traía sopa para algún niño.


Y ese caldo sirve de base para mil cosas, desde un arroz a unas lentejas pasando por la sopa de hoy que no te puedes perder porque es la mejor del mundo.

¿Tú guardas los restos de las verduras? ¿Haces algo con ellos? ¿Y otros restos? Mi padre hacía unas pieles de patata increíbles que quiero intentar recuperar. Y hace poco probé espinas de sardinas fritas y me parecieron un manjar increíble. A ver si os traigo esas recetas para próximas ediciones de Nada en la nevera.

Reno de Navidad

24 de diciembre de 2015


Ya se acabó, ya ha llegado el día D, a partir de hoy seremos todos tres tallas más gordos, un pelín más borrachuzos e infinitamente felices, ¿no? Para terminar, Laia nos propone un reno de origami para decorar, felicitar o pasar estas últimas horas nerviosas.

Y yo te deseo muy, muy felices fiestas. Descansa, carga pilas, pasa el rato con gente a la que quieres de verdad, haz el tonto, prueba algo nuevo y ríete mucho, mucho, mucho.

Abecedario de Navidad

23 de diciembre de 2015


Me encanta cuando además de manualidades y recetas te traemos actividades. Y es que a veces nada mejor que hacer algo con los amigos o con la familia para disfrutar de estos días previos. Lo que te trae Carla hoy me encanta. Haz tu propia postal de Navidad robando letras en tu barrio.

Infusión de Navidad

22 de diciembre de 2015


Hay un olor a Navidad. No se puede definir, pero cuando lo hueles tienes clarísimo que así tiene que oler diciembre. Y si encima puedes beberte ese olor navideño... ¿qué más se puede pedir? Que Ari te deje la receta. Corre a su blog para saber qué tomar durante estos días de fiesta.

Arbolitos de papel

21 de diciembre de 2015


Todo lo bueno se acaba, ¿no? Y esta es mi última aportación a las 24 ideas... porque ya se acercan los días de fiesta. Estos días son esos últimos momentos de estrés, de horas que vuelan, de escapadas rápidas a comprar "una última cosa que me he olvidado" y de muchos nervios.

Por eso lo que te traigo hoy es una manualidad fácil y rápida, que tanto te puede servir para entretener a los niños mientras haces los últimos preparativos como para decorar la mesa antes de que lleguen los invitados. (Yo siempre digo eso de los invitados aunque estos días de Navidad no hago ni una sola comida en casa. Pero vamos, siempre puedes llevar los arbolitos para decorar la mesa allá donde te hayan invitado.)

Es muy fácil y si hiciste los cupcakes de Carla, de hecho ya tienes la primera parte hecha, sacada directamente del primer libro de Demodé.

Venga, vamos allá. Coge una hoja de papel cuadrada y verde. Si tu hoja tiene un solo lado verde, como en nuestro caso, deja la parte verde arriba y la blanca abajo. Dobla a la mitad para marcar una cruz en el centro del papel.


Acompaña con los dedos esos pliegues y crea un rombo. Bueno, cuatro rombos cuyos dos lados superiores serán los dobleces en forma de cruz que hemos hecho al principio.


Abre los lados de esos rombos y aplástalos. El lado del rombo tiene que coincidirte con los pliegues que quedan por debajo.


Repite lo mismo con todos los lados.


Corta la parte de abajo.


Haz cortes paralelos en todas las hojas.


Dobla esos cortes hacia abajo, creando poco a poco las ramas de tus árboles.


Ya lo tienes. Bonito, fácil y muy resultón si haces varios de diferentes colores y tamaños.
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