Playlist: Fútbol, fútbol, fútbol

13 de junio de 2014


¡Ya está aquí!

No hace falta que os cuente que en casa somos muy futboleros. MUY futboleros. Ya lo sabéis, somos barcelonistas a matar y nos encanta en general el deporte (a mí en pantalla plana y sofá, eso sí). Pero lo que a lo mejor no sabéis es que cada cuatro años nos transformamos, porque si el fútbol nos gusta, el Mundial nos alucina.

Personalmente espero contando los días y los minutos y segundos que faltan para que ruede la primera pelota, se oigan los primeros gritos y cantemos los primeros goles. El Mundial es para mí una fiesta increíble que me emociona, me pone la piel de gallina y me tiene totalmente enganchada hasta que se corona al campeón.

Ya sé que si no os gusta el fútbol a lo mejor os resulta difícil de entender, pero es mágico si lo disfrutas: un torneo corto, con un montón de países y culturas diferentes, un montón de maneras de entender el deporte y nada que perder. Creo que eso es lo que lo hace más chulo: te lo juegas todo en, como máximo, ocho partidos... ¡hay que poner toda la carne en el asador! Los equipos pequeños lo dan todo y a veces ves partidos alucinantes que no te esperabas.

Este año es el primero que los pompones son conscientes del Mundial, de lo que pasa, de lo que es. En el último, tenían seis y cuatro años y no entendían nada. Así que este año hay fiesta grande en casa: cada uno ha hecho su porra, hemos colgado nuestra bandera en el balcón y tenemos una clasificación pegada en la pared. El primer partido, el de ayer, ya ha puesto a dos pompones en cabeza y andan revolucionados. Esperamos muchos goles, mucha emoción y muchas sorpresas.

Pero os guste o no el fútbol, no le vais a poder hacer ascos a la playlist que os he preparado con un montón de canciones chulas sobre el deporte rey. No, no he puesto las más insoportables y solo he hecho una concesión con el Waka Waka de Shakira porque me parece una canción divertida. Las demás son canciones que os van a hacer reconciliaros con los futboleros que tenéis a vuestro alrededor, os lo prometo. Os he colado una de mi equipo, porque espero que sea posible ganar el tercer mundial con un segundo maracanazo...


Disfrutad de la música y pensad que en muchos rincones de un montón de países por todas partes del mundo hay millones de pompones (y sus madres) disfrutando a tope de esta fiesta que solo tiene lugar cada cuatro años y que, vista con ojos amables, es una celebración de lo que somos, de lo más primitivo y lo más bonito que tenemos. ¡Viva el Mundial!

El helado más dulce del mundo + The social coin

20 de mayo de 2014


El sábado fuimos a cenar los cinco para celebrar mi cumple, que fue el domingo. Normalmente es una cena romántica, el pomelo y yo solos, pero no conseguimos canguro (huy, eso es tope catalán, ¿no? Niñera o como le queráis decir) y decidimos salir en familia. Fuimos a cenar japonés, que es mi comida favorita del mundo y los pompones disfrutaron como enanos. No paraban de decir que era el mejor restaurante del universo y zamparon tempura como si se acabara el mundo.

La cuestión fue que al final estuvimos discutiendo sobre los postres. El pompón friki quería comer algo japonés, pero yo ya me veía con un montón de pastelitos sin tocar, porque la repostería japonesa es, digamos, peculiar. Así que les ofrecimos ir a tomarnos un helado.

Fuimos hasta la Barceloneta, donde siempre hay heladerías abiertas y justo al salir del aparcamiento, nos dimos de narices con Eyescream and friends. Hacía muchísimo tiempo que quería llevar a los niños ahí, estaba convencida de que les iba a encantar.


Mientras mirábamos qué queríamos tomar, la dependienta atendía a un par de extranjeros en inglés. Y de repente me di cuenta de que hablaban de nosotros.

El chico que estaba pagando... quería invitarnos a nuestros helados. Le fastidié un poco el detalle, porque entendí lo que decía y él quería que no nos enterásemos, pero... nos invitó al postre. Porque sí. Por amabilidad. Porque estaba contento, porque estaba de vacaciones, porque quería compartir todo ese buen rollo con nosotros. Y porque mis pompones son espectacularmente monos y nunca hay que menospreciar the cute factor.

Total, que ante nuestra sorpresa absoluta y nuestros millones de protestas, el chico sonrió, nos dijo que esperaba que disfrutásemos de nuestro helado y se marchó.

Ya os he hablado otras veces de los Random Acts of Kindness y de cómo estoy intentando hacérselos entender a los pompones. Ese chico les dio una clase magistral en dos segundos. El friki no se lo acababa de creer.

El pomelo acabó la noche diciéndome que deberíamos haberle pedido los datos al chaval o habernos ofrecido a hacer algo por él... pero yo creo que no. Fue un momento precioso, casual, y él no quería que fuese un gran acontecimiento. Así que le he propuesto al pomelo otra cosa: hacer lo mismo la próxima vez que salgamos e invitar a la mesa de al lado. También sin que lo sepan.


Y mientras pensaba en eso e intentaba digerir que un perfecto desconocido hubiese tenido un gesto tan amable con nosotros, me acordé de mi amigo Iván.

Iván es una buena persona. Podría definirlo con mil adjetivos más y contaros si es alto o bajo, rubio o moreno, si es padre o no, si es abogado o maestro, pero al final todo eso da igual. Iván es buena persona. Hace unos meses lanzó su nuevo proyecto, The Social Coin. Un proyecto que funciona exactamente así, como una cadena de favores o de buenas obras sin ningún objetivo más que ayudar a otra persona.

Se empieza con una moneda que pasa de mano en mano a través de toda la cadena de favores hasta que al final, cuando ha terminado su ciclo, se planta y se convierte en un árbol. Visitad la página y veréis qué bonito que es el proyecto y cómo ha ido creciendo!

Una acción amable puede alegrarle el día a alguien o solucionarle un problema de verdad. No hace falta gran cosa, no tenéis por qué invitar a alguien a un helado. Podéis quedaros los niños de alguien una tarde, pasear un perro, llevar un pastel al parque para merendar, dejarle una nota amable a alguien en un lugar público o una flor o un sobre de té como hace esta danesa que me tiene el corazón robado. Para mí fue el mejor helado de mi vida (sí, además estaba súper rico!) porque estuvo acompañado de una historia que creo que hasta mis nietos van a oír más de una vez.

No subestiméis nunca el valor de una palabra amable, de una sonrisa o de un detallito con otra persona, aunque sea un completo desconocido. ¿No os arranca una sonrisa esa pintada optimista, ese niño que os saluda con la mano, esa persona que en la calle os da los buenos días o incluso que venga vuestro gato a frotarse contra vuestras piernas? Si a nosotros esas cosas nos hinchan un poco el corazón, ¿por qué no hacerlas con los demás? (Menos lo de frotarse contra las piernas, que sería muy raro.)

Thank you, stranger, you really made my night!

DIY Bolsa de Jake, Hora de aventuras

6 de mayo de 2014


Voy a hacer una confesión. Cuando no tenía pompones y sí tenía Cartoon Network podía pasarme fácilmente toda una tarde viendo capítulos de El laboratorio de Dexter, Johnny Bravo, Vaca y pollo o Las Supernenas.

Soy muy fan de los dibujos animados, no lo puedo evitar. Me gustan particularmente estos dibujos nuevos, que han nacido un poco a la sombra de Los Simpson, en los que hay una lectura sencilla para niños, pero también hay otro nivel de lectura para sus padres y en los que hay mucha, mucha, mucha imaginación.

Reconozco que algunos, al principio, me parecen violentos y me pongo las manos en la cabeza cuando veo ciertas cosas... Pero entonces siempre recuerdo que yo veía Tom y Jerry y a mi adorado ratoncillo se le ocurrían las torturas más horrorosas para el pobre gato y que eso a mí nunca me supuso un trauma. O a lo mejor sí, pero como no soy consciente... pues eso, bendita ignorancia.

La cuestión es que son buenos tiempos para la animación y hay muchísima oferta. Si nos seguís en Instagram ya sabéis que somos fans de Studio Ghibli y de Miyazaki, pero también disfrutamos mucho con otro tipo de dibujos e intentamos ampliar siempre nuestro horizonte.

Sin embargo, seamos sinceros, lo que más vemos es lo que hay en la tele. Y por suerte hay dibujos súper chulos como Gumball o Hora de aventuras. Ambos programas son una maravilla de la imaginación, con historias raras y a veces un poco inquietantes, pero divertidísimas.

Y un día en el que estaba abriendo armarios, sacando telas y ordenándolas en estupendos montones en el estudio (se nos avecina una reforma y estoy haciéndome a la idea poco a poco) vi unos restos de forro polar amarillo y no pude evitar pensar en Jake.

Jake es majete y tiene una cara fácil. Y el pompón friki está súper enamorado de él. Así que pensé que podía hacer una bolsa, aprovechando que había hecho limpieza de bolsos viejos y tenía unas cintas estupendas de esas que se regulan en altura. Et voilà.

¿Queréis hacer una? Va, venga, os cuento cómo la hice.

Lo que tenemos entre manos es una especie de tote bag forrado sin cierres. Aunque le propuse al pompón friki varias opciones para cerrar su bolsa, él prefirió que fuese abierta "para poder llevar libros grandes". Así que en este caso no le he puesto ni cremallera, ni cierre magnético, ni un triste snap.

Necesitáis un trozo de polar amarillo (yo os voy a dar mis medidas, pero podéis hacerlo de cualquier medida que queráis), un pedazo de tela de algodón para el forro, fieltro blanco y negro para la nariz y los ojos, cinta para colgar la bolsa, si puede ser, extensible.

Para el cuerpo de la bolsa yo he usado una tira de 76 centímetros de largo por 27 centímetros de ancho, y dos tiras de 33 centímetros de largo por 10 de ancho. Ya os digo que podéis adaptar estas medidas a las que vosotros queráis sin problemas.


Lo primero que hay que hacer es recortar y coser los rasgos de Jake. Doblad la tira grande a la mitad, escoged un buen sitio para los ojos y a partir de ahí, montad el resto de la cara.

Necesitaréis dos ojos negros, dos ojos blancos, un morro del mismo forro polar amarillo y una nariz de fieltro negro. Aquí tenéis el patrón de las diferentes piezas, aunque es muy fácil dibujarlas a mano.

Cosed los elementos en este orden: primero los ojos negros, luego los blancos, después el morro y finalmente la nariz.


Cuando ya tengáis la cara preparada, pasad a montar la bolsa. Tenéis que poner las dos tiras más pequeñas a ambos lados de la cara de Jake. Creo que en la foto lo veréis más claro, pero se trata de generar volumen añadiendo las dos piezas pequeñas como laterales.


Poned muchos alfileres (o hilvanad) porque el forro polar es elástico y pierde la forma al coser. Así que aseguraos de tener bien cogidas las piezas antes de coser. Recordad que cosemos con la bolsa del revés para ocultar las costuras.

Cosed ambos laterales y ya tendréis la parte exterior de vuestra bolsa terminada. Yay!

Ahora vamos a hacerle un forro. Como la tela se deforma, hay que ponerle un forro de algún material rígido para que la bolsa aguante cualquier cosa. En mi caso usé una tela de algodón a rayas de IKEA. Podéis usar lo que queráis (una loneta, un algodón de patchwork, una sábana...) siempre que no sea elástico.

El forro podéis hacerlo siguiento exactamente el mismo esquema que la parte exterior (pieza larga y dos laterales) si queréis, pero yo usé otro método que me pareció más fácil y que ya hemos comentado en el blog en otras ocasiones.

Mi tela medía 76 centímetros de alto por 37 de ancho.

La doblamos a la mitad, con los derechos tocándose. Nos queda un rectángulo de 38 cm por 37 cm.

Cosemos los dos laterales y vamos a cuadrar las esquinas, como hemos hecho varias veces. Para ello abrimos la bolsa plana que hemos creado y emparejamos las costuras, con los derechos tocándose. Si seguimos la costura, al llegar abajo nos quedará así, como la altura de un triángulo:


Con una regla, marcamos un ancho de 10 cm. como base de dicho triángulo. Cosemos por la línea marcada y luego cortamos la tela que nos sobra.


Lo hacemos en las dos esquinas y tenemos una bolsa exactamente igual a la de forro polar, pero con otra técnica. ¿A que mola?

Ahora solo quedan los detallitos. Como las cintas regulables, que quedan súper chulas y profesionales, aunque son una tontería.

Las piezas que yo usé son estas:


Tengo cinta de mochila de nylon, una pieza que es como un cuadrado vacío y otra que es un cuadrado con una línea en el medio. Si tenéis cualquier bolso regulable, podéis echarle un vistazo y os quedará clarísimo cómo funciona.

Lo primero que hacemos es pasar un trozo pequeño de cinta de nylon por la pieza en forma de cuadrado vacío. Y enseguida fijamos la pieza a la cara exterior de nuestra bolsa de Jake de esta manera:


Luego preparamos la cinta. Cogemos uno de los extremos de nuestra cinta de nylon y lo pasamos alrededor de la pieza central del cuadrado relleno. Cosemos para fijar la cinta y nos queda así:


Pasamos el otro extremo de la cinta por el cuadrado vacío que ya teníamos fijo, y luego lo pasamos por los dos huecos del cuadrado relleno.


Fijaos en la foto; es importante que la parte "vista" de nuestra pieza quede encarada con la bolsa si ponemos la cinta recta. Así, cuando le demos la vuelta, quedará bien.


Ahora solo nos queda fijar el extremo libre de la cinta al otro lateral de la bolsa, asegurándonos de que la cinta no se retuerce sobre sí misma y queda recta y plana.

Le damos la vuelta al forro y metemos la bolsa amarilla y sus cintas, dentro de él. Los derechos se estarán tocando. Fijamos con alfileres y cosemos alrededor de la boca de la bolsa con mucho cuidado porque el forro polar es elástico (soy una pesada, pero hay que tenerlo en cuenta, que luego vienen los lamentos. Momento madre OFF).


Dejamos un trozo sin coser para darle la vuelta a nuestra bolsa.


Le damos la vuelta y... tachán...


Montamos la bolsa, le damos la vuelta para que el forro quede fuera y planchamos bien. Volvemos a poner la bolsa en su posición correcta y le hacemos un pespunte muy cerca del borde superior para cerrar el agujero y para que no se nos mueva el forro. Y ya está! Ya tenemos nuestra bolsa de Jake.


Ahora, evidentemente, estamos pensando en qué hacer con Finn. Que digo yo que tendrá que ser un estuche para llevar dentro de la bolsa de Jake, ¿no?

Espero que os haya gustado y que se entienda. Ya sabéis que si tenéis alguna duda solo tenéis que preguntar.

DIY: Caja icosaedro

29 de abril de 2014


El viernes se murió Tito Vilanova. No, yo no lo conocía de nada, más que de gritar los mismos goles al mismo tiempo durante varios años. Pero es uno de esos curiosos momentos, como leía en internet, en los que la muerte de alguien a quien no conoces de nada, te toca.

A medida que vamos cumpliendo años vemos que a nuestro alrededor el mundo es mundo. Que la gente nace y se muere, que se nos van amigos y llegan pequeños llorones a darle la vuelta a nuestras ideas sobre la vida. Que todo cambia y todo sigue igual. Que nos alejamos de unos y aparecen otros. Que tenemos un tiempo finito y que no hay pruebas que valgan, que la cosa va en serio y hay que aprovecharla.

Vais a (volver a) pensar que soy una fumada, pero sinceramente, todas esas boniteces que se dicen sobre aprovechar el momento y tener una sola vida... son ciertas. (Casi) todos los días pienso en lo feliz que soy y en la suerte que tengo. Intento (aunque a veces sea difícil y solo piense en matar a alguien) tomarme las cosas con buen humor y relativizarlo todo. Porque, al fin y al cabo, esto es como el Un, dos, tres (que viejuna que soy!), aquí hemos venido a jugar.

Lo único que os quiero decir con esto, antes de pasar a cosas serias, como hacer una caja en forma de icosaedro con cartón extraído de una caja de forma cúbica, es que estas cosas pasan cuando menos te lo esperas. Y que al final se trata de disfrutar el camino y de aprovechar al máximo lo que tenemos. Y, por supuesto, de intentar con toda nuestra energía, conseguir lo que deseamos.

Aprovechad el tiempo y sacadle todo el partido posible. Y fijaos bien, el vaso siempre, siempre, está medio lleno.

Y ahora sí, vamos a intentar hacer una caja en forma de icosaedro. No se me asusten ustedes. Un icosaedro es un poliedro de veinte caras de forma triangular. Que no se me asusten, no, que no es nada, nada difícil.

La caja se aguanta sobre uno de los triángulos de la base, que son cinco y forman un pentágono con un poco de volumen. Así que cuando descansa sobre uno de esos triángulos, queda como ladeada, es decir, es imposible que la boca de la caja apunte hacia arriba.

Para la abertura vamos a dejar 5 triángulos sin montar, así que en realidad vamos a usar 15 triángulos equiláteros, de la medida que vosotros queráis.

Vamos a necesitar cartón, cúter, cinta adhesiva o washi tape, gesso, papel de periódico, cola blanca y pintura del color que queráis decorar vuestra caja.

Empezamos!

Primero, tenéis que dibujar vuestros 15 triángulos sobre el cartón. Para hacerlo, podéis dibujar un triángulo equilátero en Word, por ejemplo, cortarlo y usarlo como plantilla. Podéis dibujar varios triángulos juntos, que os faciliten el trabajo de pegarlos. Pero dependerá del tamaño de vuestro cartón. Si queréis cortar vuestra caja de una sola pieza, podéis descargar el patrón aquí.


Cuando ya tengáis los triángulos dibujados, los cortaremos con el cúter. No olvidéis poner algo debajo para no rayar la superficie de trabajo. Podéis usar una tabla de cortar de la cocina, por ejemplo.

No los cortéis todos. Cortad solo por las líneas exteriores. En las líneas interiores, las que hay entre los triángulos, realizaremos un corte superficial, que solo atraviese la primera capa de cartón y deje la segunda intacta.


Ya es hora de empezar a montar! Pensad que agrupamos los triángulos en grupos de cinco. Con los primeros cinco haremos la base, de forma pentagonal, con un poco de volumen. Y luego tendremos dos hileras más de 5 caras. una que saldrá de cada lado de nuestro pentágono inicial y otra que rellenará los espacios entre los 5 triángulos de la segunda fila.


Pegad las piezas con cinta adhesiva. A mí, la que mejor me funcionó fue el washi tape, que se adhiere a la perfección.


Cuando tengáis la caja lista, dadle una capa de gesso. El gesso es una imprimación para que la pintura se adhiera mejor. En este caso la pintura nos da igual, porque lo que buscamos es tener una capa uniforme de gesso que le dé un poco más de rigidez a nuestra caja.


¿Ya lo tenéis cubierto de gesso? Pues mientras se seca, que es bastante rápido, podemos ir rompiendo el papel de periódico para nuestra capa de papel maché. Recordad que para que el papel se pegue bien es esencial cortarlo con las manos. Si hay pompones en la zona, pedidles ayuda, seguro que les entusiasma la idea de destrozar algo.

Cuando tengáis el periódico listo, preparad la cola de papel maché, que no es más que una parte de cola blanca por otra parte de agua. Removed bien.


Seguro que ya tenéis el gesso seco y listo para trabajar. Menos mal, porque ahora os espera la parte más tediosa de todo el proceso. Hay que poner varias capas de papel maché. Para hacerlo, podéis mojar directamente el periódico en la cola, o podéis aplicar cola a la caja, pegar un pedazo de papel de periódico y después pasarle el pincel bien cargado de cola por encima.

Esta operación la vais a repetir ad eternum, así que cargaos de paciencia, buscad la mano de obra infantil que tengáis por casa y preparaos para pasar un par de días dando capas y más capas de papel de periódico.


Yo le di tres o cuatro capas, dejando secar entre ellas para valorar el grosor que iba adquiriendo la caja. Cuando la tengáis de vuestro grosor deseado, dejadla secar bien, todo un día.

Y ya solo os queda pintarla de los colores que queráis! Esta de las fotos es para la pompona, que pronto va a tener habitación nueva y la quiere en tonos de azul. Para la parte exterior usamos una pintura acrílica metalizada de Tiger: un bote entero, cuatro capas, porque no cubría del todo. Para el interior usamos una pintura color perla de la marca Giotto.

Y ya solo os queda esperar que se seque. Le podéis dar una capa de barniz para un acabado un poco más pro, o sencillamente para darle un pelín más de fuerza, aunque lo cierto es que el papel maché es un material mucho más fuerte de lo que parece.



Rellenadla de lanas, de retales de tela, de guantes antiguos o de juguetes. Y ahora que ya estáis, pensar en nuevas combinaciones en cartón: podéis hacer la base de la misma forma pentagonal, pero plana, y pegarle los triángulos de la misma manera. Hay miles de combinaciones posibles!

Pantalones para la pompona

25 de abril de 2014


Hace unas semanas, Lola me presentó a un grupo de blogueras y costureras que yo conocía de aquí y allá, de leer sus blogs, de verlas en el Burda y ese tipo de cosas. Fue un poco una casualidad, porque yo no soy (muy) costurera, pero poco a poco ese grupo de blogueras se ha ido convirtiendo en una parte esencial de mi día a día. Me río mucho con ellas, comparto ese tipo de subidones o bajones blogueros que nadie a tu alrededor parece entender y si tengo alguna duda con mi máquina de coser, tengo a las mejores profes del mundo.

La cuestión es que con estas chicas estoy aprendiendo mucho. Mucho. Por ejemplo, ya sé qué pinta tiene un pie de doble arrastre, qué modelo de remalladora es el mejor y cómo volantear 25 metros de tela. Yo a veces no participo en la conversación porque me supera, pero siempre estoy muy atenta a todo lo que tienen que decir, porque la información que comparten es excepcional.

Así que cuando empezaron a hablar todas de The Great British Sewing Bee, levanté una antena y escuché todo lo que decían. Y me fue picando la curiosidad. Cuando ya empezaron a comentar a uno de los jueces y a decir que estaba cañón, me planteé que eso había que verlo, aunque solo fuera para ver si las blogueras-costureras de este país tienen buen gusto para los hombres. Os desvelo el misterio ahora mismo: SÍ que lo tienen.

Devoré el programa. Creo que no me duró ni tres días. No podía parar de mirar y de alucinar con las cosas que cosían los concursantes. Porque el tal Sewing Bee es un concurso, pero los participantes, en lugar de cantar o bailar, cosen.

Ya os digo que no soy una súper costurera, pero no pude evitarlo, el programa me inspiró a tope. Decidí lanzarme y probar, sacar todas las telas y las prendas de ropa que tenía guardadas para tunear y empezar a hacer pruebas.


Y este es uno de los resultados directos. Iba a ir a la KCW, pero me despisté a la hora de subir las fotos y de colgar esta entrada.

Para hacerle estos pantalones a la pompona (con un punto skater, como me dijo mi amiga Ainara) usé unos pantalones viejos míos a los que se le había roto la cremallera. Las cremalleras me dan un poco de pánico, así que preferí desmontar el pantalón a cambiar la cremallera, y así salió esto.


El patrón es de este libro que compré en Creativa en noviembre. Os vais a reír de mí, pero las instrucciones, en francés, idioma que yo no hablo, me parecieron más fáciles y claras que las del vestido de Burda del otro día. A lo mejor es simplemente que el patrón en sí es más fácil, pero no tuve absolutamente ningún problema para montar el pantalón y hacerle algunos cambios como la cintura y los bajos con tela de puños.


Si sois observadores veréis que corté mal los bolsillos y el grano de la tela va en horizontal en lugar de en vertical como en el resto de las piezas de los pantalones. Pero bueno, no se nota y casi parece hecho a propósito...

Estoy súper contenta y la pompona más. Lo podeis ver por todas las monerías que hace. Tengo que aprovechar ahora que les hace ilusión que les cosa cosas, porque dentro de unos años me dirán que soy una cutre y solo querrán ropa de marca. Le tengo un miedo reverencial a la adolescencia y cada vez la tengo más cerca.


Para la semana que viene estoy preparando un par de tutoriales chulos que espero que os gusten mucho. Y supongo que habrá crónica de la feria DIY de este fin de semana en Barcelona, a la que me voy a escapar con Les pirates del ganxet y con las Niñas antiguas, si todo va bien. Y estoy pensando en una nueva sección para los domingos, pero ya sabéis que no puedo prometer nada porque soy la desorganización personificada, así que no os doy más datos. Espero que tengáis un muy buen fin de semana, que descanséis y que disfrutéis!
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