KCW

9 de abril de 2014


Ayer estuve hablando un rato con María de cantidad de seguidores, visitas y esas cosas. Y es que yo soy un poco control freak, y ese tipo de datos me interesan. Creo que tengo un solo gen matemático dándome vueltas por el cerebro y es adicto a ese tipo de cifras cuantificables: lectores, likes, megusta, followers, ponedles el nombre que queráis.

Así que, como buena control freak, a lo largo del tiempo he leído un montón de artículos sobre cómo hacer que tu blog sea el que más mole y que la gente te lea y esas tonterías. Y sinceramente, casi todos dicen lo mismo. Una de las cosas que más dicen es que tienes que postear un montón. Todos los días a ser posible. Tres días a la semana como next best thing. Así que el mío no va a ser nunca un blog de éxito :^)

Pero lo cierto es que llevo dos semanas muy liada y lo que más se ha resentido, evidentemente, ha sido mi consumo de blogs. Así que el lunes decidí poner orden a mi bloglovin', a punto de estallar de posts pendientes. Y mientras hacía algunas tareas tranquilas, empecé a leer.

Me sorprendió y me preocupó la cantidad de posts inútiles que tenía acumulados. Posts que copiaban un tutorial de otro blog, algunas veces incluso de otro blog que también sigo, así que los tenía por duplicado. Posts cortitos, publicitarios, que no dicen nada de la persona que hay detrás. Posts de compromiso, publicados por esa manía de tener que publicar algo sea como sea, para que nadie se olvide de nosotros.

Me parece sintomático de esta nueva realidad en la que vivimos. Ya no vemos series; las devoramos. Ocho capítulos al día, si podemos. Yo la primera, ¿eh? No es que esté criticando a nadie. Vemos mil millones de páginas web al día y los expertos dicen que dedicamos apenas 5 segundos a cada una antes de cerrarla. Acumulamos. Queremos mucho, disponible, ya. Y como es lo que queremos, también es lo que aportamos: un montón de información inútil, que no interesa a nadie, pero que nos hace estar dentro del juego, nos hace visibles.

Tengo una amiga que siempre me dice que Twitter la pone de los nervios, porque no le interesa en absoluto lo que yo he comido para desayunar, ni de qué color me he pintado las uñas. Y creo que tiene razón.

No es una manera de disculparme por publicar menos (o sí, ja, ja, ja!), pero creo que a veces deberíamos preguntarnos si lo que vamos a publicar es relevante para alguien, si la gente lo quiere leer, si es algo que merezca la pena compartir. O si estamos intentando sencillamente mantener el ritmo "adecuado" de publicaciones semanales.

Creo que los blogs nacieron como algo personal, para compartir. Y eso es lo que yo, al menos, quiero leer. Quiero saber cómo le va el día a Paloma o qué ha estado haciendo Bárbara esta semana, porque no nos conocemos en persona y sus blogs me sirven para ponerme al día y sentirlas cerca. Quiero saber qué anda cosiendo Mónica, qué ha cocinado Lola, qué tejen Sònia y Elena, qué ha dibujado Gemma, a qué le ha sacado fotos Isa o qué tiene Marta en las agujas. Me gusta ver cómo presentan las cosas Ari, Laia y Núria, porque eran amigas antes que blogueras y me encanta conocerlas en un espacio diferente al que las he conocido siempre. No me importa tanto que hoy haya un tutorial genial en un blog estadounidense, ni ver cuatro fotos de inspiración que podría ver en Pinterest. O no me importa si detrás no hay una bonita historia personal que me haga conectar con la persona que escribe y me haga mirar ese enlace de otra manera.

Internet es para conectar y en ese sentido es genial. Pero no hace falta llenar cada silencio ni cada espacio. Y si uno de mis blogs favoritos no publica en un par de días, no me va a dar un síncope, ni voy a pensar que lleva peor su trabajo blogueril por muy profesional que sea su página. Por otro lado, para que llegue a ser uno de mis blogs favoritos, necesito que me transmita algo, que me importe la persona que hay detrás, que me llegue.

Así que, sin ánimo de crítica, ahí va mi reflexión. Porque me pone un poco nerviosa ir pasando posts que no me interesan lo más mínimo hasta encontrarme con los blogs que me encantan siempre, que son auténticos, que me llenan de alegría. Está bien publicar a menudo, pero está mejor publicar cosas relevantes y que aporten algo a los demás.

Y después de toooodo este rollo, que a lo mejor hace que me saltéis al cuello, voy a aportar mi información del día, que no sé si es relevante o no, pero aquí os la dejo...


Y es que esta semana vuelve a ser la KCW, la semana de costura para niños. Esta es una de mis vertientes favoritas de internet, la de los proyectos colectivos, las comunidades y las ganas de aprender. Y yo eso sí que le pongo: ganas. Aunque no estoy muy segura de que los resultados sean nada del otro mundo...


En este caso le he hecho a la pompona un vestido. En teoría se trata de coser una hora al día, pero me he tirado tooooda la mañana y parte de la noche de ayer para terminarlo. No os lo enseño de cerca porque los acabados son nefastos, pero de lejos da el pego, ¿o no?

El patrón era de una Burda, juraría que del verano pasado. Hace tiempo que quiero hacerlo, pero no encontraba el momento ni la tela. En la revista dice que es de dificultad media, pero a mí me ha costado un montón entender las explicaciones. Lo único bueno que ha tenido tanto coser y descoser es que he aprendido un montón.


La tela es de un vestido playero que me habían regalado Ari y Laia para un cumpleaños. Era de Women Secret, de esos estampados gloriosos que tienen ellos y que luego no encuentras por ningún sitio.

He aprovechado un montón de cosas: el dobladillo de abajo y el bies de las mangas, por ejemplo. Y con el bies del cuello he hecho las presillas para los botones, que a lo mejor no son los mejores para el vestido, pero son los que tenía a mano.


Creo que es lo más ponible que he cosido nunca. Voy a intentar rematarlo por dentro con la overlock, pero no prometo nada, porque la máquina infernal y yo no nos llevamos del todo bien.


La pompona está encantada (y enferma, ha estado toda la mañana en casa y ha soportado con bastante buen humor las pruebas constantes de vestido y las tres mil fotos que le he hecho portándolo) y guapísima, no me digáis que no. Es que cuando una es atleta, todo le queda bien. Las adictas al chocolate no lo tenemos tan fácil...


La verdad es que con este vestido me doy por satisfecha para este KCW, pero voy a intentar redondearlo con unos pantalones y un par de remiendos... No prometo nada más que buena voluntad.

Bombas de semillas

3 de abril de 2014

Llueve, llueve y llueve y todo es gris. Y dentro de un ratito tengo que salir de casa para coger un AVE e irme a Madrid, donde me han contado que llueve, llueve y llueve y todo es gris. Suerte que además de trabajar voy a ver a mi amiga Lucía y a cenar con ella y a cotillear y a ponernos al día de todo.

Pero qué le vamos a hacer, ¿no? Así es la primavera. Todo o nada, días de sol de justicia seguidos de días de diluvio universal. Y mientras tanto da la sensación de que todo crece, de que el sol y la lluvia, el viento y las nubes, están creando un mundo paralelo que de repente va a estallar frente a nuestras narices.


Por eso andamos todos revolucionados, no lo neguéis. Haciendo propósitos como si estuviésemos en año nuevo. Llenando bolsas de basura de cosas que ya no queremos. Poniendo orden en el armario y tomando decisiones trascendentales. A riesgo de que me veáis todos como una hippy colgada, creo que seguimos los pasos de la naturaleza y que la primavera es tiempo de renacimiento, de volver a empezar, de hacer proyectos más transformadores y profundos. Es como el fin de año del mundo natural, y estamos todos pegando acelerones en la parrilla de salida, listos para cambiarlo todo.

Ya, ya lo sé, mis metáforas son cada vez más cutres. Pero ya pilláis la idea: renacimiento, primavera, calorcito, terracita, cerveza y bravas. Y chaqueta en el armario, que para mí es el mejor momento del año, da igual a temperatura.

Por eso hoy os quiero contar algo que hicimos el año pasado y que me olvidé de mostraros, porque ya sabéis que yo soy así. Perdí las fotos, luego perdí las bombas de semillas. Estaban en el coche, las tiramos por ahí y no saqué ninguna foto, en fin, ya sabéis.

La cuestión es que en Casa Pompón somos un poco adictos a la tierra y las plantas. Y cuando descubrimos el concepto de las bombas de semillas en internet... nos enamoramos.

La idea es sencilla y a lo mejor ya la conocéis: crear una bolita de tierra con semillas de flores para lanzar en solares vacíos, parterres mustios, bordes de carreteras y otros lugares grises que necesitan un poco de vida.


Las bombas se van abriendo con la lluvia y el viento y acaban brotando y llenando de verde esos rincones.

Podéis llevarlas siempre encima y tener un momento guerrillero a cualquier hora. Lanzar una bomba aquí y allá como quien se toma un café. Sentir que estáis haciendo un gesto de renacimiento y renovación a cualquier hora del día. A partir de ahora llamadme Yogi Paula; como el té pero más pesada.

Lo bueno que tienen las bombas de semillas es que son MUY fáciles de hacer en casa. Eso sí, hay que intentar que las semillas sean de flores o plantas locales, para no romper el equilibrio ecológico. Y mejor lanzarlas en sitios baldíos y no en el bosque o en otros lugares que ya tengan su propia flora.


Tengo dos recetas alternativas, para que escojáis según los materiales que tenéis en casa.


Por cierto, mientras las hacéis, meted las manos todos juntos. Las dos manos. Y luego tocadle la nariz al que tengáis a vuestro lado. Es muuuucho más divertido...


Madre mía, qué penita ver estas fotos, qué mayores que se me hacen los pompones!

Los lunes del pompón friki: Petardo

31 de marzo de 2014

El verano pasado leí Orgullo y prejuicio. Creo que ya lo había leído antes en algún momento, y también había leído el increíble Orgullo y prejuicio y zombis (la duda ofende) que me hizo llorar de la risa, pero en agosto, aquella gloriosa semana sin ordenador, perdida en la montaña, devoré el libro en una noche y quedé para siempre prendada de Elizabeth Bennet y del señor Darcy.

Y es por eso por lo que adoro mi trabajo. Porque de repente te llama un cliente y te dice que tiene una mini serie para la tele y no te da detalles, pero tú abres tu PDF y te encuentras con esos mismos personajes, unos años después, enfrentados a un misterio detectivesco. Y te deshaces de alegría.

Ya sé que eso no tiene nada que ver con nada, pero me apetecía un montón contároslo, porque llevo unos días de recuperación del gusto por la lectura, de estar horas sentada en la misma postura y no oír lo que te dicen porque estás demasiado absorta en las palabras de la página. Ayer mismo terminé de leer The casual vacancy de JK Rowling, que había comprado en el aeropuerto de Miami. Y ahora no sé si empezar Mary Poppins o Wicked. Ya os contaré.

Hoy sí llegamos a tiempo al lunes del pompón friki, y lo que os vamos a mostrar es una súper tontería, pero la mar de efectiva. Cuesta pillarle el truco al principio, pero una vez te lo sabes, ya vas haciendo ruido todo el día. Quién lo habría dicho, es solo una hoja de papel.


Por cierto, abuso de vosotros y os pido un favor. Tengo una alumna que está haciendo su tesina sobre la subtitulación de los productos infantiles y ha hecho una encuesta para padres y madres que nos iría genial que contestarais. Es súper rápida y súper anónima; solo nos servirá para ver si los padres consideran que los productos en versión original pueden ayudar a sus hijos a aprender idiomas. Encontráis la encuesta AQUÍ. Mil gracias!

Blandiblub casero

20 de marzo de 2014


Hace días que os debo la entrada de la fiesta de científicos que les hicimos a los pompones peques por su cumple. Pero es que hay tantas fotos, tantos experimentos y tanta cosa, que si hiciera solo un post tardaría tres años y además no habría quién se lo leyera porque sería larguísimo y cansino.

Así que voy a dividir la fiesta en varios posts para que sea más digerible. Y he decidido empezar por lo que os llamó más la atención y lo que más me habéis preguntado por todas partes: el blandiblub casero y fluorescente.

Yo lo llamo "blandiblub" porque así lo llamábamos cuando yo era pequeña, cuando apareció por primera vez esta masa viscosa y un poco asquerosa, que en ese momento era verde moco. Mis hijos lo llaman "pedorretas" porque ahora vienen en envases pequeños, similares a botes de basura, donde si metes los dedos se oye un sonido vibrante y poderoso.

¿Para qué sirve el blandiblub? Pues para nada. Para tocarlo y flipar con la consistencia, meterlo en un cuenco y flipar con la consistencia y lanzarlo al aire y flipar con la consistencia. No tiene muchos usos, pero es genial para jugar. Y no solo para niños; desde que lo conseguí por primera vez estuve días mirándolo, tocándolo y agitando el bote de cristal donde lo había metido, completamente extasiada.

Hacía meses que andaba tras la receta perfecta. Meses no, años. De hecho era una de las manualidades que quería para la fiesta de zombis del año pasado y no hubo manera de conseguir que funcionara, aunque gasté cantidades ingentes de cola y de bórax.

Este año, la casualidad quiso que diera con una página en about donde estaba todo perfectísimamente explicado. Y esta vez lo probé y funcionó. No os imagináis la alegría y el subidón que me dio.

Si habéis investigado, habréis visto por ahí muchas recetas que dicen que solo hay que mezclar cola y una disolución de bórax. Y si lo habéis intentado, os habrá salido un bulto plasticoso que no se parece en nada al blandiblub, porque se endurece enseguida y luego no se puede hacer nada con él (aunque creo que debe de ser la base para hacer pelotas de goma, prometo probar y explicároslo todo).

¿Por qué? Pues porque la cola que hay que usar es cola polivinílica, que yo, por lo menos, no he encontrado en mis papelerías de cabecera.

Sin embargo, podemos saltarnos tranquilamente la cola, si conseguimos alcohol polivinílico, que yo encontré en DroQuinSa, una droguería industrial que adoro con toda mi alma, porque está a 10 minutos andando de mi casa y porque tiene de todo. Y me encanta cuando encuentro algo tan especializado en Sabadell y no tengo que desplazarme hasta Barcelona.

El otro producto químico que necesitáis es bórax. El bórax es más fácil de conseguir, aunque yo también lo compré en DroQuinSa.

Y también necesitaréis pintura fosforescente (luminiscente), del color que queráis. La mía es de la marca Creall, azul y rosa. La compré en Abacus.


Primero hay que hacer una disolución de alcohol polivinílico al 4%. Yo, por ejemplo, disolví 40 gramos de alcohol polivinílico en 960 gramos de agua. Ojo, porque cuesta de disolver. El alcohol polivinílico se presenta en polvo y cuando intentamos disolverlo se vuelve un tanto gelatinoso. Lo mejor es calentar un poco la disolución y remover con fuerza con unas varillas. Yo lo preparé el día anterior a la fiesta y lo metí en una botella que cerraba herméticamente y me permitía darle alguna sacudida... quedó perfecto, un poquitín viscoso.

La solución de bórax también es al 4%, 40 gramos de bórax, por 960 de agua. El bórax disuelve mejor, pero precipita, así que al día siguiente tenía la disolución llena de trocitos sólidos de bórax. Funcionó igualmente.

La mezcla es 3 partes de disolución de alcohol polivinílico por una parte de disolución de bórax. No hace falta ser muy exactos, funciona igualmente.





Enseguida veréis que la mezcla se espesa, y hay que trabajarla un poco con las manos (ese es el factor asqueroso que alucina a los pompones) hasta que ya no se pega. Solo os queda añadir un chorro de pintura luminiscente y mezclar bien, y ya lo tenéis!


Es divertido y súper fácil de hacer, y vuestros pompones os mirarán como si no existiera internet y fueseis los padres más inteligentes del planeta. Qué dura va a ser mi vida cuando vean que todo lo aprendo online.

Por cierto, tengo cantidades indecentes tanto de alcohol polivinílico como de bórax. Así que si queréis que os envíe un poquitín, me lo decís.


Hala, a disfrutar de la química. Y por cierto, en un bote hermético (yo compré tuppers chiquitines para cada uno de los pompones invitados) aguanta bastante tiempo.

Los... lunes del pompón friki. Una postal mágica.

18 de marzo de 2014



Bueno... tenían que ser los lunes del pompón friki, pero por motivos técnicos (técnicamente su madre es su desastre), su primera entrega será un martes.

Os pongo en antecedentes... El pompón friki es eso, friki. Le encanta leer, escribir, jugar con el ordenador (no necesariamente a juegos, dadle un Word y es feliz) y hacer manualidades. Tiene un blog que está un poco abandonado, escribe cómics y libros interminables y tiene un sentido del humor muy peculiar, basado principalmente en la ironía, que es un concepto que le fascina desde que entendió lo que significaba.

Hace un par de años, con los recortes, en la escuela pública catalana nos quedamos sin una hora de clase. Esa sexta hora nos permitía afianzar las lenguas, ampliar la plástica y en general trabajar y repasar todo lo que íbamos aprendiendo. Cuando nos quitaron esa hora, desde el AMPA de la escuela, con ayuda de la dirección y el claustro de profesores, lanzamos la posibilidad de seguir yendo a clase y de reforzar todo aquello que nos quedaba un poco cojo. Y fue así como nació "doce a una", aunque en realidad sea de 12:30 a 13:30.

Tenemos un montón de profes geniales que enseñan muchas cosas y refuerzan inglés, francés, plástica, mates y teatro. Son actividades lúdicas enfocadas a pensar de otra manera, a sacarle partido a lo que sabemos, a usar las lenguas y los conocimientos que tenemos de un modo diferente. Aprendemos a trabajar en grupo, a perder la vergüenza de hablar en público, a abrirnos, a compartir... Mi experiencia con la actividad es excelente y estoy muy contenta de lo que mis pompones aprenden y practican. Y por eso en este primer vídeo del pompón friki, quiero compartirlo con vosotros.

La semana pasada, el friki salió de clase con un cómic hecho en una hoja de papel. Estaba súper contento, porque el cómic era mágico, ibas plegando papel e iban surgiendo las "páginas" en un movimiento interminable.

Al día siguiente ya había hecho cuatro capítulos de su cómic sobre manchas verdes y le propuse que nos mostrase cómo se hace uno de estos cómics eternos, que podéis convertir fácilmente en una postal para papá!

Así que os dejo con el pompón friki y su vídeo sobre la postal mágica. Si no entendéis algo o no os queda claro como lo hace, decídmelo, que yo ya soy una súper experta!


Y aprovecho para decir que creo en la escuela pública. Yo fui a una escuela pública y guardo excelentes recuerdos, pero no es solo eso. Creo que la escuela es un derecho para todos y no un privilegio. Creo que hay que trabajar para que la educación de todos los niños del país sea la mejor posible, con profesores vocacionales, padres dispuestos a echar una mano y una fnanciación suficiente para que los niños puedan aprender todo lo que deben aprender gracias a buenas instalaciones, profes reciclados e imaginación en las aulas. Para mí la escuela tiene que ser un lugar horizontal, donde todos somos iguales y todos aprendemos según nuestras características.

Las escuelas llevan mucho tiempo en el punto de mira de la sociedad y todos nos quejamos mucho. Y es verdad, hay problemas. Pero también es cierto que nada se soluciona si solo nos quejamos de lo que pasa y no arrimamos el hombro para solucionar las cosas. Hay que adoptar una postura activa ante lo que está pasando y participar en la escuela siempre que podamos.

Participar, por un lado, para quejarnos de las reformas de la educación partidistas con la que nos obsequia el ministro de turno cada vez que hay cambio de gobierno. Para quejarnos de los recortes asesinos que hacen las diferentes instituciones; hay poco dinero, es cierto, pero la forma de ser de un país se demuestra en eso, en cómo repartimos el dinero que hay. Si la educación es una de las cosas que se recortan cuando hay vacas flacas, eso nos demuestra que la educación no es una prioridad, y debería serlo, no solo porque mis pompones están estudiando, sino porque mis pompones y todos los niños que hoy pueblan las escuelas son los que pagarán impuestos el día de mañana y sacarán el país adelante.

Pero por otro lado hay otra participación necesaria. La que consiste en ir a la escuela, hablar con los maestros, ofrecerte para hacer actividades, participar en los órganos de gobierno. La escuela no es un lugar cerrado, o no debería serlo. Los padres tenemos que poder entrar, pasear, colaborar y aportar. Y en lugar de quejarnos de los profesores, ayudar en su labor. Porque aunque haya algunos profesores que no nos gusten, cosa inevitable, nuestros pompones se fijan en los vínculos que establecemos entre la familia y la escuela. Y si uno desprecia a un profesor, luego no puede quejarse si su hijo hace lo mismo.

Yo creo en la escuela pública y voy a defenderla hasta las últimas consecuencias. Porque creo en todos los sistemas universales, que nos dan oportunidades a todos y nos ayudan en nuestra vida. Porque ese es el tipo de país en el que quiero vivir y el tipo de sociedad de la que me puedo sentir orgullosa de formar parte: una sociedad en la que todos somos importantes y tenemos acceso a lo mismo.
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