La biblioteca

4 de mayo de 2009

El pompón mayor ya escribe con una cierta soltura. Nos obsequia con faltas de ortografía exquisitas y todavía no es un velocista, pero la verdad es que va mejorando rápidamente, y lo mejor es que le encanta leer.

Así que hemos empezado por las cosas básicas. Por ejemplo, salir a la calle el día de Sant Jordi a mirar libros, a hojearlos, a discutirlos, y a comprar un par después de deliberar.

Y hace unas semanas, le llevé a la biblioteca. En realidad íbamos a buscar un libro sobre literatura japonesa que yo necesitaba para hacer un trabajo para la universidad. Pero ya que estábamos, le acompañé a la sala infantil de la biblioteca y revolvimos un poco los libros, antes de decidirnos por un par que parecían interesantes.

Al salir, preguntamos si se podía hacer su propio carnet, y se lo hicieron en un momento. Le dieron un tarjetero de plástico con un carnet azul en el que se lee perfectamente su nombre, y le explicaron que con él podía escoger hasta seis libros y tres películas para llevarse a casa.

En fin, que mi pompón se ha vuelto un fanático de la biblioteca. Y eso nos presentaba un problema. Porque lo de los seis libros se lo tomó en serio. Y cada vez que nos acercamos a la biblioteca escoge uno o dos libros más y se los trae para casa. Entre eso, mis propios libros de la biblioteca y los libros de la biblioteca de su clase, siempre hay unos cuantos libros prestados en casa. Así que pensamos en hacernos la vida más fácil y escogimos una caja de cartón grande (y preciosa, gentileza de mi amiga Sònia) y le pusimos una pegatina que dice "biblioteca".

La pegatina la hicimos escaneando un dibujo del pompón y jugando un poco con las opciones de Word. Nada complicado. La imprimimos en papel adhesivo y la pegamos a la caja. Después lo forramos todo con plástico transparente para que la caja no se ensuciara (es de color claro) y para que resistiera más. El paso del plástico transparente fue un auténtico exitazo, con ayuda de todos los pompones.

Hemos colocado la caja en la entrada. Cuando terminamos de leer un libro de la biblioteca, lo metemos en la caja, y la vaciamos cada vez que vamos a la biblioteca... Aunque nunca aguanta demasiado tiempo vacía.

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