La fiesta pirata

24 de octubre de 2009


La fiesta de piratas del pompón mayor fue todo un éxito. Una actividad muy divertida para los niños y muy agradable para los padres organizadores, principalmente porque los pompones de todas las edades se lo pasaron de miedo y disfrutaron de lo lindo comportándose como malvados bucaneros comedulces...

En cuanto llegaron todos los peques, les dijimos que lo sentíamos mucho, pero que no tenían pinta de piratas, que si se querían quedar en la fiesta algo tendríamos que hacer. Y ellos se pusieron manos a la obra.

Les dimos a cada uno un triángulo de tela negra y les pusimos delante unos botes de pintura roja... Cada uno llenó su pañuelo de topos rojos a su gusto: grandes, pequeños, llenos de puntitos o con algún punto más bien disperso, pero todos lo hicieron encantados y estupendamente.


Mientras los pañuelos se secaban nos pusimos manos a la obra con los sombreros. Teníamos las formas recortadas en cartulina negra y les dimos a los pompones ceras metalizadas para que cada uno personalizara la suya a su manera. A medida que las iban terminando, les grapábamos un trozo de elástico negro (gracias, Montse!!) y les colocábamos el sombrero.

El parche lo sacamos de la página de actividades de HP. Nos los imprimieron Ruth y Gis (gracias!!) y los montamos en un momentito. Los parches sí que los repartimos hechos, porque eran más complicados de cortar y montar.

Y una vez lo tenían todo, pasaban a la cadena de montaje: el pañuelo anudado a la cabeza, con el parche y el sombrero y la sesión de maquillaje. Quedaron todos muy, muy guapos!

Entonces les propusimos hacer una bolsita para guardar sus tesoros...


La hicimos con un círculo de fieltro con unos 12 o 16 agujeros en el borde. Le dimos a cada niño una cuerda y la tuvieron que enhebrar por los agujeros hasta poder cerrarla y hacer un nudo. Ahí guardaron los tesoros que consiguieron, primero, tras la carrera de tres patas (con los piratas atados por los tobillos) y después, tras meter las manos en nuestro cofre del tesoro...

No hay fotos del cofre, por desgracia, pero fue el gran triunfador de la tarde. Un cofre de tela grande (el nuestro es de IKEA) lleno de palomitas hasta arriba del todo, entre las que había escondidos muchos caramelos. Dejamos que los bucaneros se acercaran en grupos de tres y que hundieran las manos y buscaran tesoros durante dos o tres minutos.

Y al final, el pastel. Quedó bastante rico y las bolitas doradas se podían comer, así que los grumetes más pequeños se pasaron horas alrededor de la mesa recogiendo los doblones con sus dedos regordetes :^)

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