19 de agosto de 2009

Juego de sentidos

Siempre que venimos unos días al pueblo (es lo más parecido a un pueblo propio que tenemos en nuestra familia), nuestra amiga Mireia organiza alguna actividad para los más peques. En total, cuando estamos todos, pueden llegar a haber seis o siete niños, y aunque se divierten solos corriendo de aquí para allá y yendo de casa en casa, también les encantan las diferentes actividades o juegos que organiza casi siempre ella.

Esta vez, se le ocurrió hacer un juego sensorial y nos divertimos un montón viendo las caras de los pompones mientras tocaban y probaban.

Les vendamos los ojos, comprobamos que no pudieran ver, y empezamos dándoles a probar diferentes alimentos. Miel, crema de chocolate, limón, cacao en polvo... Curiosamente, los pompones no siempre sabían lo que comían, aunque la cara que pusieron al morder la lima demostró que realmente los receptores de ácido de la lengua funcionan a la perfección.


Después vino la prueba de tacto. Tocaron todo tipo de cosas: moras, flores secas, pan mojado en leche, harina... Esta prueba fue un poco más difícil, aunque algunos de los pompones demostraron ser unas auténticas fieras a la hora de adivinar qué tenían entre manos.


Al final, algún pompón se atrevió con la prueba de equilibrio y caminó por la plaza del pueblo con una cuchara en la boca y un huevo crudo encima. La pompona campeona no tuvo ninguna dificultad para mantener el huevo en su sitio, aunque la presión adulta era insoportable ;-)

Cajas de viaje


Estamos de vacaciones. Hace unos diez días que las empezamos, y para hacerlo tuvimos que pasar unas cuantas horas en el coche. Además, los primeros días estábamos de acampada, así que me decidí a prepararles unas cajas a los pompones tanto para el viaje como para los días de acampada y excursión.

Una de las cajas era grande y transparente, decorada por los pompones, cada uno en su estilo y llena de toda clase de materiales interesantes para pintar recortar y explorar. Lupa, tijeras, papel, rotuladores, ceras, lápices, pinzas, gomas elásticas, pegatinas... todo lo que se os ocurra que los pompones puedan aprovechar mientras estamos lejos de casa.

Yo también me preparé mi propia caja con celo, tatuajes, juegos de mesa, pegamento y una libreta donde apuntar todas las cosas que nos iban pasando durante las vacaciones.


La otra caja era más bien para el viaje o para las excursiones por la montaña que hicimos los primeros días. Una caja pequeña con compartimentos es ideal para llenarla de aperitivos y caramelos para tener a los niños entretenidos durante el viaje. Pusimos galletas saladas, quicos, quesitos, caramelos blandos, cacahuetes cubiertos de chocolate y galletitas dulces. Para los niños fue estupendo, y se pasaron todo el tiempo cogidos a sus cajas de chuches...

La idea la saqué de The Crafty Crow, pero no recuerdo a qué blog remitía, y mi conexión a internet por aquí es un asco, así que no lo puedo comprobar.
De todos modos, los dos modelos de caja fueron un éxito rotundo, así que tomamos nota para futuros desplazamientos...

7 de agosto de 2009

Peces


Es bastante difícil verlos en estas imágenes, porque los pompones hicieron todos los movimientos posibles a la hora de la sesión fotográfica y ninguna de las fotos quedó clara, pero hace unos días hicimos unos peces muy divertidos, que en un primer momento debían colgar del balcón para mover la cola con el viento, pero de los que al final ninguno de los pompones pudo separarse.

Es una manualidad fácil de hacer y queda resultona, y la verdad es que los tiene entretenidos un buen rato...

Dibujamos la silueta de dos peces iguales en cartulina o papel. Nosotros lo hicimos en papel y si la idea es colgarlos, quizás mejor así, porque la cartulina puede ser demasiado pesada. Pero, eso sí, papel de buena calidad, porque según cómo se decore, se puede deteriorar con facilidad.

Para la decoración, nosotros escogimos gomets, pegatinas lisas de colores y formas variadas. Yo tenía en mente usar principalmente las redondas para simular las escamas, y quizás pintar las caras de los peces con rotuladores, pero mandaron los pompones que llenaron las siluetas de pegatinas sin dejar un espacio en blanco.


También se pueden decorar con collage o con cualquier tipo de pintura. Si tenéis pintura o pegatinas que brillen (yo tenía unas pegatinas doradas), el efecto es más chulo, porque se parece más a un pez.

Cuando ya tengamos las siluetas decoradas, las recortamos bien (en este paso tuve que ayudar bastante a los pompones, que todavía no son expertos) y preparamos unas cintas de papel de seda para la cola y una bolita de papel de seda para el relleno. Después, nos armamos con una grapadora y empezamos a grapar las dos siluetas con la bolita de papel de seda dentro, para darle volumen (yo usé media hoja de papel de seda). Al llegar a la cola, insertamos las cintas de papel de seda de colores y las grapamos en medio de los dos peces.

Llegado este momento, lo ideal es colgar el pez de la boca, con una cuerda, en el balcón, el patio o en cualquier lugar donde corra un poco de aire para ver cómo se mueve y cómo se agita el papel de seda. O colocarle un palo en la tripa para que los pompones puedan cogerlo y moverlo como si fuera una marioneta por toda la casa.

Pero mis pompones se negaron. Y la verdad es que cuando se divierten, qué más da lo que tendría que hacerse...

5 de agosto de 2009

Galletas de plastilina


Estas galletas... bueno, no diría que son deliciosas, aunque están muy buenas, ni que son muy bonitas, porque la verdad es que es un poco raro comerte una galleta verde y rosa... pero son una actividad divertidísima para hacer con los niños y quedan unas galletas muy chulas, que parecen de plastilina de colores y que a los niños les resultan muy divertidas.

Las había visto por todas partes en internet, y me parecieron muy graciosas, así que ayer por la noche preparé la masa y la dejé en la nevera hasta esta mañana. La he sacado una horita antes de ponernos a trabajar y ha quedado perfecta.

Necesitáis:

100 gramos de queso fresco de untar, 150 gramos de mantequilla pomada, 1 taza de azúcar, 3 tazas de harina, 1 huevo, un chorrito de extracto de vainilla, 1 cucharadita de polvo de hornear, un pellizco de sal, colorantes alimentarios y palitos de brocheta o helado.

Mezclar la mantequilla y el queso fresco con el azúcar hasta que la mezcla quede esponjosa. Añadir entonces el huevo y el extracto de vainilla e incorporar suavemente.

En otro recipiente, mezclar la harina, la sal y el polvo de hornear. Ir añadiendo la mezcla a cucharadas a la mezcla húmeda. Al final, amasar con la mano hasta que quede una masa suave. Añadir más harina si es necesario para que no se pegue demasiado.

Dividir la masa en tantas partes iguales como colorantes tengáis. Yo tenía cuatro (azul, rojo, amarillo y verde), pero sé que algunas marcas comercializan sólo tres. También podéis hacer mezclas de tonos, si queréis. Coloread la masa uniformemente y envolver las diferentes porciones con plástico transparente. Dejar en la nevera dos o tres horas, o como en mi caso, toda la noche.

Sacad la masa de la nevera con un poco de antelación. Cuando ya esté blanda, mezclar pequeñas bolitas de los colores disponibles, sin amasar demasiado, para que se vean los colores diferentes. Yo he hecho bolitas del tamaño de una canica grande o una avellana, un poco más pequeñas que una nuez, y nos han salido entre 20 y 25 galletas.

Haced entonces una serpiente con la masa (que es lo que más les ha gustado hacer a los pompones) y enrolladla como si fuera un caracol. Finalmente, pinchad la espiral resultante con los palitos de brocheta o helado.

Poner en una placa para horno sin engrasar (la mantequilla de la masa evitará que se peguen) y horneadlos en horno precalentado a 175ºC unos 12 minutos.


2 de agosto de 2009

Collares de cereales


Esto lo hicimos ayer por la tarde, a la hora de merendar. A los pompones les pareció divertidísimo y acabaron haciendo toda clase de marranadas con los cereales que teníamos en casa.

Sólo necesitáis un par de trozos de lana o hilo grueso, celo y aros de cereales.

Envolvimos una de las puntas de la lana con celo para crear como un cordón de zapatos (con cordones de zapatos limpios también se puede hacer) y después ensartamos los cerales uno tras otro. Como los cereales suelen ser azucarados, no hay mucho problema de fuga de cereales por el otro extremo de la lana, así que los collares son fáciles de preparar.

Una vez terminados, se los anudé al cuello y estuvieron encantados. A la hora de comérselos hubo división de opiniones. La pompona se los comió puestos (y me hizo recordar cuando yo me comía los collares, pulseras y relojes de cuentas de caramelo, ¿los recordáis?), mientras los dos pompones exigieron que se los quitara. Pero todos se comieron los cereales directamente desde la lana.

Farolillos chinos


Estos días los pompones ya están de vacaciones, pero el pomelo y yo todavía no. Así que los pobres se pasan horas y horas jugando juntos a hacer cabañas con los almohadones del sofá, a mamás y papás y a cualquier otra cosa que se les ocurra mientras yo intento terminarlo todo a tiempo para nuestras vacaciones y el pomelo anda de aquí para allá cerrando temas.

El otro día decidimos hacer algo juntos después de que yo acabara un documental que tenía que entregar, y nos pusimos a hacer farolillos chinos para nuestra fiesta de China.

No es que sean muy difíciles de hacer, más bien todo lo contrario, pero son bastante resultones, e incluso los pompones pequeños, cuyo dominio de la tijera dista mucho de ser perfecto, pueden hacerlos solos.

Sólo hay que doblar una hoja de papel a la mitad longitudinalmente y hacer cortes paralelos (o no tanto ;-)) perpendiculares al doblez sin llegar hasta el otro borde (parando a un par de centímetros del otro borde). Después se despliega el papel y se forma un tubo que se engancha con celo o se grapa.

Nosotros lo grapamos, que fue otra tarea que encantó a los mini pompones, y les pusimos una asa de papel también grapada. Después los colgamos de la cortina y del dintel de las puertas. Ya estamos listos para preparar el día de China.