Pasta de sal

9 de septiembre de 2010


Este ha sido un proyecto largo, de varios días, que hemos disfrutado mucho. Hacía mucho tiempo que queríamos hacer pasta de sal, pero nunca habíamos encontrado el momento, y alguna de las pruebas que habíamos hecho nos había salido mal. Pero esta vez nos armamos de paciencia y conseguimos hacerla.

La receta no es difícil. Una parte de sal (que el pompón mayor calculó con rapidez), una parte de harina (que añadieron los pompones peques con alguna dificultad y muchas carcajadas), una cucharada o dos de aceite y media parte (o un poquito más) de agua. Después sólo hay que amasar bien. La consistencia está entre la plastilina y la masa de pan.


Una vez lista la masa nos pusimos a hacer figuras... Empezamos con una calavera, pero pronto pasamos a los caracoles, las pulseras, las mariquitas, las abejas, los ratones, los soles... Y tres medallas con iniciales pomponiles. La pompona me hizo incluso una escultura (esa hermosa mujer de piernas kilométricas que hay abajo de todo, mirando hacia la derecha).


Casi una hora de horno medio después, las figuras estaban secas y listas para pintar. Pero no lo hicimos inmediatamente. Tardamos unos cuantos días. Cuando nos pusimos a pintarlas, nos hizo mucha gracia recuperar una manualidad que teníamos a medias. La verdad es que ya no nos acodábamos de quién había hecho qué, así que nos repartimos las cosas como pudimos. Menos mi escultura, que aunque perdió una pierna, fue tratada con la mayor de las reverencias por la pompona.


Dejamos que las piezas se secaran durante toda una noche, y al día siguiente las cubrimos con barniz. Quedaron impresionantes. A las medallas les pusimos incluso una cuerda para colgarlas:


Como podéis ver, al final recuperé mi pierna. Aunque la cena no debió sentarme bien, porque tengo la cara lila ;^)

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