Fiesta de Halloween

19 de noviembre de 2010


Os pido perdón por seguir con el tema Halloween cuando en realidad tendríamos que estar preparando otras fechas y tendría que publicar otros juegos y otras manualidades que hemos hecho con los niños estos días. Por desgracia, mi ordenador ha estado haciendo muchas tonterías últimamente, y me costaba un montón subir fotos. Pero ayer vino Toni de Webmatica y me lo solucionó todo (¡Gracias, Toni!), así que vuelvo a estar en marcha y quería compartir con vosotros nuestra fiesta de Halloween.

Todo empezó por la noche con actividades relativamente tranquilas. Decoramos la casa con telarañas, arañas de plástico, guirnaldas, estrellas fosforescentes... En algún momento empezaron a oírse ruidos extraños y hubo algún pompón que se asustó un poco. Gritos, lobos, risas maléficas, puertas que se abrían, truenos... No sabíamos de dónde venían y después de mucho buscar y mucho investigar, descubrimos una cajita de ruidos que los mayores se iban pasando entre ellos para despistarnos ;^) Es de Imaginarium y es espectacular! Hicimos nuestra calabaza, vimos "Pesadilla antes de Navidad", como no podía ser de otra forma, y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, cuando fuimos a abrir la puerta para salir de casa, nos encontramos un sobre en el suelo. Estaba dirigido a todos los pompones, así que nos reunimos todos y la leímos. Era la carta de una bruja que había venido a pasar Halloween desde el mundo de la Fantasía, pero que a la hora de volver a casa, había descubierto que unos duendes le habían robado la escoba. La pobre estaba desesperada, porque los duendes le ponían pruebas que no sabía superar y decía que tenía un amigo pirata que le había recomendado que hablara con nosotros. ¿La podíamos ayudar? Dijimos que sí, claro, y en seguida nos llamaron para que fuésemos al comedor de casa, donde había aparecido un extraño paquete.


El paquete tenía instrucciones y material, unas bolsitas naranjas, pintura negra, esponjas y plantillas de ojos, narices y bocas... ¡Teníamos que pintar nuestra propia calabaza! Cada pompón eligió sus ojos, su nariz y su boca y creó una cara que le gustase, pintando con la esponja humedecida en la pintura. Tuvimos algún pequeño percance y olvidamos poner un cartón dentro de la bolsa, así que la pintura traspasó :^( Pero las bolsas nos quedaron muy bonitas y nos resultaron terriblemente prácticas.


Enseguida nos llamaron desde la casa de una amiga. También se había encontrado una cosa muy rara en el comedor de su casa. Fuimos corriendo y nos encontramos...


Masa en forma de gorro de bruja, almendras y piñones... ¡Los duendes querían que preparásemos panellets! Nos pusimos manos a la obra y aunque esto fue lo que más nos costó, lo superamos con facilidad. Un ratito de horno y quedaron riquísimos.


Pero también teníamos cosas para preparar Cake Pops. Se ve que los duendes habían estado espiando lo que hacíamos otros días (a lo mejor incluso leen este blog! Hola, duendes) y tenían ganas de probarlos.


Cuando terminamos, no nos llamaba nadie ni recibíamos más pistas, así que decidimos buscar por toda la casa, a ver si encontrábamos algo. ¡Y sí que lo encontramos! Los duendes nos habían dejado unas babas de caracol de regalo.


Yo he intentado copiar lo que hicieron los duendes y me parece que son unos manitas ;^) Recortaron una etiqueta para poner en el bote y después prepararon una plantilla para el dibujo de la calavera. Yo la hice así, primero dibujada en papel y después copiada sobre un plástico negro adhesivo.



Después nos volvieron a llamar. Teníamos otro paquete en otra casa... Buf. Los duendes nos hicieron caminar mucho! En este caso era un paquete de juegos fosforescentes, para jugar en la oscuridad. Hicimos una partida de cartas fluorescentes, completamente a oscuras, y después montamos un puzzle. Fuimos muy, muy valientes, y no nos dio miedo no tener ni un poquito de luz.

Cuando terminamos, encontramos otro regalito, unas copas de Halloween llenas de caramelos. ¿Para qué necesitábamos las copas? Pronto nos enteramos, porque nos llamaron de otra casa. Nos habían dejado instrucciones para hacer una poción mágica. Llenamos las copas de Coca-Cola y después le metimos un par de cucharadas de helado de vainilla...


Los duendes nos retaban a probarlo... ¡y estaba buenísimo! Después de tomarnos nuestra poción mágica, nos sentíamos más fuertes y más capaces de encontrar la escoba. Enseguida encontramos otro paquete. Había arcilla de colores, lápices y pinzas. Así que nos pusimos a trabajar.


¿A que somos unos artistas? Los duendes nos regalaron entonces unas piruletas con dibujos de calabazas y fantasmas, y enseguida recibimos otra llamada.

En casa de una amiga nos esperaba una sábana doblada y un circuito de obstáculos. Cada uno de nosotros se disfrazó de fantasma durante un rato e intentó seguir el circuito. Esta fue una de las actividades que más nos gustó. Algunos incluso repetimos.


Nos esperaba otro premio... unos mocos de fantasma. Verdes, asquerosos, en su correspondiente cubo de basura, triunfaron como casi ningún otro regalito de los duendes.


Finalmente, volvimos a casa y buscamos y rebuscamos hasta dar con la escoba. La dejamos en el balcón para que la bruja pudiera encontrarla, y al día siguiente había desaparecido. Gracias, duendes, por los regalos y las pruebas, y esperamos que nuestra amiga, la bruja Bellatrix, esté ya en casa tranquila. ¡Y que vuelva el año que viene!

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