20 de mayo de 2011

Magia


El pompón mayor ha dicho hoy una cosa que me ha puesto un poco triste. "No", le ha dicho a su hermano, "la magia no existe." No he podido evitar que se me encogiera un poco el corazón. Se hace mayor y racionaliza, y debería estar encantada por cómo crece y cómo entiende poco a poco el funcionamiento de las cosas. Y lo estoy. En parte. Pero por otro lado me da pena que nos empeñemos siempre en enseñarles a los niños cómo es el mundo para que se adapten a él. Me gustaría (sí, es mi yo adolescente el que habla, ya lo sé) que fuese el mundo el que se adaptara a ellos y que la realidad no se empeñase en destrozar su imaginación.

Así que le he contestado escandalizada: "¿Cómo que no? ¿Quién lo dice?" Y entonces ha retrocedido un poco y ya no ha estado tan seguro. Y hemos estado hablando sobre lo que es magia y lo que no. Y le he dicho que él sabe hacer magia cuando dibuja, escribe y pinta un cuento precioso sobre un papel en el que antes no había nada. O que hacemos magia cuando con unos huevos, un poco de harina y algo de azúcar creamos un pastel o unas galletas. Y aunque seguía sin estar muy convencido, se ha ido relajando. Todavía tiene la esperanza de que antes de cumplir los once años le llegue una carta de Hogwarts.

Os deseo que no perdáis nunca la magia, o que sepáis encontrarla si algún día se os extravía.

Globos

Antes que nada os pido perdón por las fotos que ilustran este post, pero la verdad es que fotografiar un experimento como este es casi misión imposible (como dirían Mou o CR7. Lo siento, no lo he podido evitar ;^) Pero es un experimento muy fácil de montar y sobre todo, muy divertido. Los pompones estuvieron cerca de una hora inflando y soltando el globo sin parar.

Lo único que hay que hacer es cortar un trocito de cañita de beber y enhebrarla con un hilo rígido y largo (nosotros usamos un cordel de papel que teníamos en casa, pero probamos también con lana y no funcionó). A la cañita, con esparadrapo, pegáis un globo. Y el otro extremo del cordel, lo engancháis en un mueble, en el techo o donde queráis, pero bastante lejos de vuestro globo.

Aquí tenéis al pompón peque inflando el globo.


Después, solo hay que soltar el globo y ver como se desliza a toda velocidad por el cordel.


Los pompones se rieron un montón y se turnaron para lanzar su bólido. Podéis hacer carreras, utilizar diferentes tipos de globos, diferentes distancias e incluso cronometrar los globos.

Os dejo con una (mala, horrible) imagen del globo, la cañita y el esparadrapo.

15 de mayo de 2011

Gusanos de seda

Si nos seguís en Twitter, sabréis que la semana pasada nos regalaron tres gusanos de seda, uno para cada pompón. Desde el primer día hemos estado alucinados mirándolos comer, dormir, moverse y erguirse cuan largos son.

Los gusanos de seda son uno de esos recuerdos que debemos tener todos de nuestra infancia, ¿no? Alimentarlos y dejar peladas todas las moreras del barrio (la que tenemos en la esquina de casa está un poco perjudicada, la pobre, es lo que tiene estar junto a una escuela), mirarlos durante horas, cogerlos, moverlos, limpiarlos... y esperar el mágico momento en el que hacen su capullo.

Por algún sitio había visto una familia que había metido sus gusanos en un cilindro de malla, lo suficientemente fina para poder verlos, pero lo suficientemente tupida para que no escaparan en cuanto tuvieran alas. Como es una buena idea, cogimos el material que teníamos en casa y preparamos algo similar.

Partimos de una bolsa de tela para juguetes:


Y añadimos hilo y una tela de malla que teníamos en casa.


Cortamos un trozo de tela que pudiera cubrir completamente los lados de nuestro cilindro y empezamos a coserlo siguiendo la estructura metálica del cubo. Para esta tarea conté con la inestimable ayuda del pompón mayor, que me hizo la pregunta que cualquier madre costurera (o aprendiz de) quiere oír: "¿Me enseñas a coser?"


Mientras tanto, los pompones peques estaban sentados a la mesa jugando con los gusanos como si fueran mascotas de verdad. Pobrecillos. Los gusanos.


Cuando tuvimos todo el cilindro recubierto de malla, recortamos la tela original del cubo de juguetes, dejando "ventanas" que nos permiten ver la vida de los gusanos, y que, con suerte, no dejarán que escapen una vez rompan el capullo. Ya os contaremos cómo evoluciona la cosa...

11 de mayo de 2011

Una cojinera

Una de las cosas que siempre me ha fascinado es la costura. Me alucina que la gente pueda cortar, coser y dar forma a mil cosas, y me encanta pasear por los blogs de diferentes costureras (y costureros!) que muestran al mundo sus habilidades.

Yo no soy muy mañosa cosiendo, creo que es porque no tengo mucha paciencia y se me hace cuesta arriba todo el proceso de las medidas, el corte, el planchado, los puntos, los acabados... Sin embargo lo intento todo lo que puedo, porque me gusta y me relaja. Y a veces, solo a veces, hago algún proyecto útil que realmente es una mejora para la casa o para el vestuario de algún pompón (voy dominando los remiendos ;^)).

Uno de esos proyectos fue una funda para los cojines del sofá, que tenían esta pinta:


El sol los había desteñido bastante, y la convivencia con tres pompones y los numerosos lavados los habían dejado un poco mustios y vacíos. Así que me puse como objetivo repararlos para que volvieran a ser cómodos y útiles.

Primero les saqué la funda, abrí la costura del cojín en sí y lo rellené un poco con relleno de espuma, del típico para muñecos. Cerré la costura con la máquina de coser.

Entonces tomé las medidas. Mi cojín hace 40x40 cm, pero podéis hacer la cojinera de la medida que queráis. Tenéis que cortar la tela según las medidas, añadiendo unos dos centímetros a cada lado para la costura. Para el ancho, entonces, serían 40 + 2 + 2 = 44 centímetros. El largo es un poco más complicado. Como nuestra funda no va a tener cremallera, ni botones, ni nada, vamos a tener que solapar la tela para crear un bolsillo. Así que estamos hablando de dos veces el ancho del cojín (para que la tela le dé la vuelta) y un poco más para la solapa. En mi caso, (40 x 2) + 20 = 100, 1 m de largo.

Cortáis la tela y, si no sois como yo y queréis un acabado profesional, la plancháis.


Entonces hay que hacer un dobladillo en las dos puntas (los bordes más cortos). Nuevamente, si queréis un acabado profesional, para hacer el dobladillo lo mejor es doblar dos veces, dejando la parte cortada dentro, para que no se vea. Pero yo solo hice un doblez, planché y cosí.


Después solo tenéis que extender la tela y doblarla por la parte más larga dos veces, para que se solapen. La longitud total tiene que ser la de vuestro cojín, en mi caso, 40 centímetros. Primero así:


Y después el segundo lado así:


En esta foto veréis cómo se solapan:


Como veis, mi tela era exactamente igual de un lado y del otro, pero si trabajáis con una tela que tenga derecho y revés, no olvidéis que lo que tenéis que ver es el revés, es decir, la cara que no se va a ver.

Cuando ya tenéis la tela solapada, solo tenéis que coser los lados largos (aunque ahora tenéis que tener un cuadrado perfecto). Una vez cosidos, os quedará un bolsillo, así:


Solo tenéis que darle la vuelta y meter vuestro cojín dentro. Y voilà.


Mucho mejor así, ¿no?