Fiesta de Harry Potter

13 de enero de 2012

Ya os he contado en alguna ocasión que el pompón mayor es muy aficionado a Harry Potter. Le encanta todo lo que tenga que ver con la magia y las aventuras de Hogwarts le parecen increíbles. Así que para su octavo cumpleaños decidimos utilizar eso como hilo conductor. Y fue todo un éxito.


Al llegar, los invitados se encontraron con una miniatura del Callejón Diagon...


Tenían que comprarse las túnicas y las varitas mágicas, claro.


Todos se vistieron y se pusieron las gafas y les hicimos una foto delante del escudo de Hogwarts:

Con las fotos preparamos una orla que después imprimimos y le dimos a cada niño para llevarse a casa. También les dimos un libro de clases que tenía un horario con espacio para poner un sello cuando terminaban la actividad, una lista de conjuros, una lista de experimentos y alguna información sobre la escuela. Eso les encantó.

La primera clase era de transfiguración. Cada niño era un animago y se convertía en el animal que quería. Tenía que imitarlo de tal manera que sus compañeros tuvieran claro enseguida de qué animal se trataba. Si lo conseguían era porque realmente podían convertirse en él.

Luego hicimos clase de cuidado de criaturas mágicas. Les dimos a todos diferentes personajes míticos y uno de ellos tenía que adivinar cuál de sus compañeros estaba haciendo un determinado ruido. Por ejemplo, entre todos los que gritan, adivinar quién es el gigante, o el grifo, o el gnomo de jardín.

Llegó después la clase de defensa contra las artes oscuras. Nos sentamos en un círculo y uno de los jugadores recibió la señal que lo convertía en el basilisco, que mata con la mirada. Solo tenía que mirar a uno de sus compañeros y guiñar el ojo. Si lo hacía bien, lo mataba. Si lo pillaban, moría él. Este juego fue el que más nos costó, ¡porque todos se ponían a acusarse unos a otros!

Pasamos a la clase de hechizos y encantamientos... En sus libros tenían una lista y podían irlos aplicando unos sobre otros sin parar... había que acordarse de qué hacía cada hechizo y de cuáles eran las palabras mágicas. Teníamos el Petrificus Totalus, que te hacía quedarte helado; el Ridiculus, que te hacía hacer tonterías; el Gelapatas, que te convertía las piernas en gelatina y el Sambaloca, que te obligaba a bailar sin parar. ¡Esta actividad les encantó! Apuntaban con sus varitas a todas partes y lanzaban conjuros sin parar.

Luego vino la clase de adivinación. Nos tomamos un té y en el poso leímos nuestro futuro... Uno de ellos iba a convertirse en un grifo, otro sería para siempre el conejillo de indias de la tienda de los Weasley, otro iba a tener que cuidar a los animales de Hagrid... ya os imagináis.

La última clase fue todo un éxito. Pociones. Hicimos algunas de las más típicas.


Saqué los tubos de ensayo de unos contenedores de incienso muy baratos... los limpié bien y dieron totalmente el pego. Teníamos todos los ingredientes empaquetados en diferentes botes con etiquetas (manchadas con café) que indicaban lo que eran: polvo de huesos de dragon, baba de rana, agua estancada, elixir de la vida... En la libreta tenían las recetas bien explicadas, pero básicamente hicimos el volcán de espuma, la leche de colores, una lámpara de lava con agua y aceite a la que añadíamos sal y la mezcla de maicena y agua que es tanto líquida como sólida. Esta última fue impresionante también para los adultos presentes, os animo a probarla.

Como premio por haber conseguido todas las actividades obtuvieron su camiseta de Gryffindor (una camiseta amarilla pintada con pintura para tela. El dibujo lo saqué de Sewhooked) y también una visita a Honeydukes, la tienda de caramelos...


En la tienda de caramelos también había pequeñas Snitch doradas hechas a ganchillo. Luego hubo pase de película (Harry Potter y el prisionero de Azkabán, elegida por el homenajeado) con palomitas (con sorpresa) y pizza casera.


Todos los aprendices de mago se quedaron a dormir y estuvieron hablando en la sala común de Gryffindor hasta altas horas de la madrugada...

El pompón quedó encantado, y sus amigos también. Se olvidaron de que había regalos, pastel y todo lo que suele haber en una fiesta...

Dentro de unos días os contaremos cómo hicimos las varitas, las túnicas y el escudo de la escuela. ¡Esperamos que os guste!


2 comentarios:

  1. ¡Qué barbaridad! Yo de mayor quiero ser como tú. No, no... mejor... me pido volver a mi tierna infancia y ser pompona para que me organices mi fiesta de cumpleaños.

    Como siempre, una entrada genial. No te pierdo ojo. Enhorabuena por tu blog.

    Una más del batallón
    http://unamasdelbatallon.blogspot.com/

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  2. ¡Gracias, guapa! Pero no hace falta que vuelvas a ser una niña, ¡te adopto tal y como estás!

    Me ha gustado mucho tu blog y las manualidades de tus príncipes. Mándales un beso muy gordo!

    Y otro más para ti!

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