Disfraces

18 de febrero de 2012

Cuando tu pompón te mira a los ojos y te dice que quiere disfrazarse de zombi o de momia, tú no puedes evitar fundirte. Si encima tu pompona, dice así como si no quiere la cosa que a ella le apetece ir de racimo de uvas, empiezas a plantearte que debes de haber hecho algo muy bien.



Como veis, nada más fácil. En la farmacia me miraron un poco raro cuando pedí diez rollos de vendas de diez metros, pero solo tuve que enrollárselos al pompón por encima de la ropa blanca de deporte. A la pompona le compré camiseta y leotardos marrones y le sujeté los globos con imperdibles.

La momia triunfó de una manera brutal. La gente se paraba en calle para decirle cosas y en el cole fue la estrella. Las uvas acabaron repartidas por toda la escuela y yo me traje a casa un tallo marrón con algún grano olvidado. El pompón mayor, que iba a disfrazarse de tigre (con un traje que había cosido yo con más paciencia que maña), tiene un esguince en el tobillo y está haciendo reposo.

Ya cuento los días que faltan para el próximo Carnaval o la siguiente fiesta de disfraces. A ver de qué les apetecerá disfrazarse.

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