Galletas de Frankenstein

25 de octubre de 2012



Hay miles y millones de galletas preciosas por ahí, curradas y bien decoradas que parecen auténticas obras de arte. En eso no podemos competir. Pero la verdad es que nosotros nos divertimos mucho haciéndolas y los pompones fueron los reyes de sus clases al día siguiente, cuando las llevaron para desayunar.

Ellos decoraron sus galletas y decidieron lo que no le puede faltar a la cara de Frankenstein: cicatrices, tornillos y cejas.


Para hacerlas, solo tenéis que añadir un poco de colorante verde a vuestra masa de galletas favorita.

Nosotros hicimos una así: mezclamos 1 taza de mantequilla blanda (10 segundos de microondas, porque decidimos que queríamos hacer las galletas a la de ya) con una taza de azúcar (Por cierto, en el curso de galletas que hice en Manenas el año pasado nos dijeron que el azúcar mejor si es glas, porque mejora la textura, pero yo las he hecho con azúcar normal y quedan perfectas también). Le dimos un rato con la batidora (el pompón peque es un as) hasta que estaba todo bien incorporado (siempre he leído lo de que el azúcar queda esponjoso y espumoso, pero no lo he conseguido jamás. ¿A alguien le ha salido?) Después añadimos un huevo y un poco de azúcar moreno con vaina de vainilla (un regalo del pomelo, tengo de vainilla y de canela, ambos en unas latas elegantísimas), batimos un poco más y añadimos el colorante verde. Cuando ya parecía una crema de verduras radiactiva añadimos una taza y un poco más de harina, 1 cucharadita bien llena de polvo de hornear y un pellizco de sal. Ahí ya amasamos con las manos.

Luego estiramos con un rodillo y cortamos galletas con un cortapastas cuadrado. Las horneamos diez minutos y preparamos la glasa para decorar.


Creo que ya os lo he contado en alguna ocasión, pero la glasa se hace con una clara de huevo y mucho azúcar glas. Batís un poco la clara y cuando empieza a estar espumosa añadís un chorrito de zumo de limón y azúcar glas en cantidades industriales. Hay que batir y batir un poco más hasta que la crema conserva su forma cuando levantáis la batidora y tarda unos 15 segundos en volver a incorporarse. Entonces añadís colorantes (en este caso era colorante negro) y preparáis la manga para decorar.

El tema manga pastelera no es un tema que los pompones dominen mucho, así que tuve que ayudar. Yo aguantaba la manga y apretaba para que saliera el glaseado y los pompones dibujaban como querían.

Nos costó muchísimo dejarlas secar, pero valió la pena. Al día siguiente desaparecieron sin dejar rastro. De verdad, ni una miga.

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