Lisboa

17 de octubre de 2013


Reconozco que soy una persona enamoradiza. De repente no sé muy bien por qué, las emociones se me disparan y me doy cuenta de que he perdido la cabeza. Y es curioso, porque yo creo que no obedece a ningún motivo particular, o al menos no a un motivo que pueda racionalizar. Pisar Lisboa fue así: amor a primera vista, totalmente intenso y devastador, imposible de describir.

Porque, aviso, Lisboa no es una ciudad de postal. Tiene mil rincones únicos y hermosísimos, pero su principal atractivo no es ese. Lo más importante de Lisboa es que se vive. Se vive en todos los rincones, en los bares y los restaurantes, en los vecinos charlando por la noche en la calle, en las paredes desconchadas, en ese aire un poco decadente, en el olor de la ciudad que no es europeo (y no lo digo como algo negativo, sino todo lo contrario).

Lisboa tiene una personalidad arrolladora y un ritmo propio. Una cadencia y una manera de ser. Y puede que no todos sus rincones sean encantadores, pero todos tienen carácter, todos te cautivan porque son auténticos. Porque en Lisboa no hay cartón-piedra, no hay nada que no sea real. Y yo, que soy enamoradiza, me dejé llevar.

Seguramente no sea un destino para todos los paladares; habrá gente que quizás prefiera un poco más de orden, un poco más de estructura, mapas más fáciles de seguir. Pero si os gusta, os va a robar el corazón, seguro. Porque cada rincón de Lisboa es un tesoro escondido.

¿Qué os aconsejo que hagáis si tenéis pensado ir?

1. CALLEJEAR. Básico en todas las ciudades del mundo, pero en Lisboa particularmente. Patearse la ciudad y descubrir rincones increíbles y mágicos. Lisboa hay que caminarla, particularmente las calles del Bairro Alto, Alfama y Chiado. Callejead con la cámara colgada, porque no vais a parar de sacar fotos. Mirad los tejados, a mí siempre me han encantado y esta ciudad es perfecta para los amantes de las tejas...


2. El castillo. El paseo para llegar hasta él, lo hagáis caminando o en tranvía, ya es una pasada. De hecho, subiendo al castillo podéis parar en el mirador de Santa Lucía y alucinar con las vistas sobre toda la ciudad. Desde el castillo las vistas también son increíbles, pero además es que el castillo en sí es curioso y tiene también unas ruinas que no están mal. Muy recomendable para ir a pasear una mañana.

 

3. La iglesia del Carmen. Espectacular. Hubo un terremoto y el techo de la iglesia se vino abajo, así que ahora está abierta al cielo. Es increíble, muy chula. Es un museo un tanto curioso que incluye unas momias y otras excentricidades, pero solo por ver el espacio vale la pena la entrada.


4. Los tranvías y los funiculares. Aunque sean lo más típico del mundo. Son preciosos, hacen un ruido tremendo, se mueven como locos por la ciudad... Capítulo aparte para los funiculares. Hay tres, recorren distancias pequeñas pero muy empinadas y son una pasada. Preciosos del todo.

 

5. Belém. Vale la pena para ver la torre y el claustro de la catedral. A nosotros nos hizo un día increíble y apetecía muchísimo pasear junto al mar. Además había una regata y en fin, todo eso junto nos dejó un sabor de boca estupendo. El monumento de los descubrimientos, que es un poco polémico, a nosotros nos gustó, pero quizás no sea para todos los gustos. Eso sí, la torre es espectacular, y en el claustro de los Jerónimos es una lástima que no haya un bar, porque es para sentarse en un banco y pasar toda la tarde. El paseo en tranvía (nuevo, aquí no hay madera) también es chulo, porque vas viendo otras partes de la ciudad.

 
 

6. La Confeitaria Nacional. Impresionante. Está en la plaza de la Figueira, en pleno centro, junto a la plaza de Rossio. Las natas no nos gustaron a ninguno de los dos, y la cola de la famosa pastelería de Belém nos desanimó totalmente, pero a esta pastelería del centro, muy barata y agradable, fuimos varias veces porque los pasteles eran increíbles. Totalmente imperdible. El local en sí ya es guapísimo, antiguo y recargado, como las pastelerías buenas de las de toda la vida. Seguro que os imagináis a vuestra abuela entrando a buscar unas pastas para la hora del té. Atentos, porque en muchos bares (esta pastelería incluida) de la ciudad hacen limonada casera, muy refrescante, buena y barata.

 

Tengo medio millón de fotos más y puedo hablar sobre la ciudad durante horas enteras, así que si estáis planeando escaparos, me podéis escribir y os cuento todo lo que queráis. Mientras tanto, a mirar fotos y a suspirar de añoranza, que es lo que hacen todos los enamorados.

9 comentarios:

  1. A mi me encantó Lisboa. Una ciudad para perderse, para caleyar sin ningún tipo de orden, sólo dejarse llevar. Una ciudad para volver, y volver, y volver...

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    1. Sí, de esas que cada viaje es totalmente distinto, ¿no? Porque descubres cosas nuevas, conoces gente nueva... Es el paradigma de ciudad viva, mutante, que nunca es la misma.

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    2. Y ese toque decadente... Me encanta. Y sus tiendas, y sus adoquines...

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  2. Qué bonita Lisboa. Yo estuve 2 veces, la primera en el viaje de fin de curso de 3º de B.U.P. (hace 10.000 años) y la segunda en el 2000 con mi entonces aún novio. De la primera recuerdo la subida al castillo, a pie y bajo el sol (y, al llegar, mi primera cerveza) y un drama portuario una noche, en la ventana de enfrente de nuestro hostal, tipo marinero-intentando-estrangular-a-mujer-alegre, o eso nos pareció con nuestra imaginación calenturienta. De la segunda, un hotel con unas vistas chulísimas (igual era en Sta. Lucía y todo) y desgraciadamente una salmonelosis de caballo que no nos dejó disfrutar los maravillosos cafés, los pastelitos de nata (o como se llamen) y los paseos que nos dimos a paso de tortuga. Resumiendo: ¡tenemos que volver!

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    1. Yo tenía pendiente ir desde hace muchos años porque en la carrera (allá por el pleistoceno) estudié portugués. Portugués que entiendo a la perfección y que puedo traducir con soltura, pero que a juzgar por las caras de todos los lisboetas a los que abordé, hablo de pena.

      Y sí, tenemos que volver (no sé si este "tenemos" tuyo hablaba solo de tu marido y tú, pero, nada, que yo me apunto). Creo que hay que hacer una excursión, que me quedaron tiendas de lana por visitar (no pude arrastrar al pomelo hasta allí).

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  3. Coincido en casi todo contigo, sobre todo en el callejear que para mi también fue lo mejor, aunque esta técnica yo la utilizo en todas las capitales que visito, prefiero mil veces callejear que visitar monumentos.
    Ahh y a nosotros tampoco nos gustaron los pasteles de nata. jejeje, sin embargo nos pirramos por las pastelerías tipo la que has puesto en la foto.
    Espero te sirviera la mini guía que te hicimos entre Carina y yo.
    Un beso

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    1. ¡Claro que me sirvió! ¡Fue una maravilla! No sé qué habría hecho sin vosotras. Además, fui al mismo hotel que Carina (en el tuyo no había sitio). Sois las mejores, pero eso ya lo sabéis ;^)

      Yo también prefiero mil veces callejear que meterme en los sitios, pero realmente hay ciudades que están hechas para perderte a pie y esta es claramente una de ellas. Cualquier barrio está lleno de cosas curiosas y fotos bonitas.

      Un besote!

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  4. Coincido con todas vosotras en todo. A mi, otra cosa que cautivo fue la luz que tiene,tan especial y calida, y como no, la morrina(con n de espana, la cual el teclado de mi movil carece de ella) que se palpa. Tenemos un entranable recuerdo de nuestro viaje y millones de fotos en formato raw por editar ;b, por entonces,en el 2008 me iniciaba en la fotografia y tenia que probar todos los objetivos que tenia, incluso a riesgo de agotar la paciencia infinita de mi marido,que me repetia sin cesar "tira en automatico,tira en automatico" jaja.
    Ayyy ahora me tomaba una carioca de cafe mmmmm

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    1. Sí, la luz es espectacular. Yo también tengo tres millones de fotos en raw, pero el pomelo ya no me dice nada, me deja que saque fotos sin quejarse.

      Creo que está clarísimo que hay que hacer una excursión femenina a Lisboa, no?

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