Notes from a blue bike

4 de febrero de 2014


Hace bastante tiempo, no sé muy bien por qué, leyendo blogs aquí y allá, aterricé en el blog de Tsh (no me digáis que el nombre no mola un montón), The art of simple. Por aquel entonces el blog se llamaba Simple Mom y publicaba artículos sobre una cosa de la que yo no había oído hablar jamás: simplicidad en la vida.

En ese blog leí por primera vez sobre conceptos como "uncluttering" y reflexioné sobre mi manera de invertir el tiempo y el dinero. A partir de ese blog decidí pagar el coche con la técnica "bola de nieve", ahorrando monedas de 2 euros como os conté aquí.

Ya sé que es un poco raro decir que algo que has leído en internet te ha cambiado la vida, pero el blog de Tsh me ha hecho pensar muchísimo sobre mi manera de gestionar mis recursos, sobre la vida que quiero vivir, sobre cómo organizarme y mil cosas más. Muchos de los cambios profundos que he intentado llevar a cabo a lo largo de los últimos meses se han debido a cosas que he descubierto con Tsh.

Por eso cuando comentó que estaba preparando un nuevo libro y pidió voluntarios para leerlo y hacer una pequeña reseña en sus blogs, me lancé de cabeza. Ya había devorado "One bite at a time" y me había encantado, y por sus posts sabía que iba a encontrar algo muy acorde con mi modo de ver la vida. Y no me defraudó. Así que este post forma oficialmente parte del Blue Bike Blog Tour.


"Notes from a blue bike" es diferente a sus otros libros, porque no es manual práctico, sino que recoge historias cortas, pequeños episodios de su vida que ilustran los temas principales en los que se divide el libro: el descubrimiento de la necesidad de vivir una vida más simple, la comida, el trabajo, la educación, viajar, el entretenimiento y el cuidado de uno mismo. Son relatos cortos con su familia como protagonista, sobre sus buenos y malos momentos, sobre sus aventuras en diferentes lugares del mundo y sobre esos momentos que la hicieron decidirse a cambiar de vida.

Pero eso es quizás lo más bonito. Son como pequeños posts en un blog que le dan vueltas a una historia para hablar de un tema más profundo y más general. Y ese algo más profundo y general suele ser ese concepto de simplicidad aplicado a casi todos los aspectos de nuestra vida. Un concepto de simplicidad que creo que en momentos tan extraordinarios como este, en el que un paradigma y un sistema económico se van a pique, nos llegan con mucha más fuerza.

No sé si os pasa a vosotros o si lo veis a vuestro alrededor, pero para mí esta claro que hay una búsqueda frenética de la simplicidad. En diferentes aspectos y con diferentes matices, pero creo que lo bastante clara para considerarla una tendencia. Que existan blogs como este mismo (y hay miles!) que hablan de cosas hechas con las manos, de DIY, de organización, de huertos urbanos, de cosmética natural, de cocina o de experiencias en familia y con amigos, significa que de repente tenemos la necesidad de conectar con un montón de cosas que hemos perdido, de encontrar una nueva manera de vivir, consumir y relacionarnos. Y eso se ve en la cantidad de iniciativas que han ido naciendo en internet y que han crecido y prosperado de manera espectacular.

Tenemos ganas de cambiar. De cambiar el mundo, sí, pero de cambiar nosotros, de estar más contentos, de trabajar menos y, como decía uno de los temas de enero del diario de Petite Blasa: de hacer más de lo que nos hace felices. Tenemos ganas de recuperar nuestra vida o las riendas de la misma, de hacer cosas nuevas, de estar contentos, de apoyar a otra gente que es como nosotros, de compartir, de escuchar, leer y charlar. Tenemos ganas de otra vida.

Y eso es lo que recoge este libro a través de la peculiar historia personal de Tsh. Una historia curiosa, muy particular y llena de momentos con los que uno se puede sentir muy identificado. Un poco flower power, eso no os lo voy a negar, pero de buen rollo, un flower power bonito, lleno de sentido si uno se para a pensar en realidad que si hay algo finito es el tiempo y que administrarlo mejor, como os decía el otro día, no solo nos hace más productivos, sino principalmente más felices.

Leer el libro (que está en inglés, eso sí) es como sentarte a tomar un café con alguien y arreglar el mundo. Algo que yo creo que a los latinos nos encanta hacer, ¿no? Sentarnos a hablar sobre cómo se pueden cambiar las cosas. Solo que en este caso el cambio empieza en casa. Y eso es lo más mágico. Porque quizás no podamos cambiar la macroeconomía, ni a nuestros políticos, ni siquiera esta crisis. Pero sí que podemos hacer pequeños cambios en casa, en nosotros mismos y en nuestra forma de relacionarnos con los demás.Y quién sabe si esos pequeños cambios no pueden acabar precipitando un cambio más profundo y más general. Personalmente, creo que es lo más probable.

Yo no sé poner en palabras tan bonitas como Tsh el cambio que poco a poco hemos ido instaurando en nuestras vidas, el ritmo diferente que nos marcamos, las cosas que ahora pensamos y sobre las que antes no reflexionábamos y que nos hacen sentir bien. Sé que en parte es simplemente una cuestión de hacernos mayores y madurar y ver por fin de una manera clara cuáles son nuestras preferencias y nuestros valores, pero creo que es también un resultado; el resultado de haber conocido otra manera de hacer las cosas gracias a ese movimiento lento pero implacable de nuestra sociedad que yo he encontrado bien representado en la red, en vuestros blogs, en los comentarios, en el movimiento de un montón de gente que un día decide hacer lo que disfruta y vivir una vida mejor.

Nunca nos había visto, globalmente, tan dispuestos y decididos a vivir mejor. Y debo confesar que me encanta. Y la clave para vivir mejor a veces consiste únicamente en dejar claras las prioridades, levantar el pie del acelerador, disfrutar más y montar en una bici azul.

10 comentarios:

  1. Pues em passaré pel blog a veure si també em dóna una clau per simplificar la meva vida també :-)

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    1. Llegeix-lo i m'expliques, a veure què et sembla...

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  2. gràcies per deixar-me anar en bici al teu costat

    muakis

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  3. Qué bien suena... Sí que está por todas partes esa tendencia: volver a lo natural, a lo hecho en casa, a disfrutar del tiempo (libre) de otra manera, etc. Yo lo noto aquí, pero me da que los alemanes siempre han sido un poco así, no?, de hacerse ellos mismos las mermeladas y los jerseys (en el metro, no se cortan un pelo); con los verdes allá por los primeros ochenta empezó la fiebre y ahora la han retomado, dándole un toque cool y hip, eso sí, con lo que se hace "apta para la gran ciudad". Y tienes razón, yo creo que los grandes cambios vienen desde abajo y poquito a poco.

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    1. Como en todo, yo creo que en España vamos 20 años por detrás... Y lo nuestro ahora es más trágico todo (crisis incluida) porque nos subimos tarde al tren del consumo y lo pillamos con muchas ganas. Pero sí, yo noto un cambio general en la gente, en su manera de mirar la vida. Todavía la cosa está en pañales, pero creo que por ahí van a ir los tiros del cambio de paradigma económico que vamos a vivir durante los próximos años. A veces flipo y pienso que mis tataranietos estudiarán esto en la escuela dentro de un montón de años. Es increíble vivir una época que sabes que va a llegar a los libros de historia.

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  4. Me parece intetesantisimo y me encantaria leerlo, por qno le propones trducirlo?seguro qhay mercado.
    Yo siempre he sido de hacerlo todo yo y todo natural y tal, pero es cierto qveo tambien cierta tendencia a esto, a lo natural, lo sencillo.
    besos

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    1. Estamos en ello, en lo de la traducción, digo. Ya veremos qué pasa.

      A mí me ha gustado hacerlo todo desde pequeñita, pero nunca hasta ahora había visto un movimiento como el que estamos viviendo. Y no se trata solo de hacerlo nosotros, sino de intentar ser éticos con nuestro dinero, y eso es lo que veo, mucha empresa pequeña a la que le van bien las cosas porque el consumidor tiene una percepción diferente.

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  5. Yo también noto ese cambio en la gente, aunque sea en algo aparentemente tan simple como en hacer su propio pan o regalar cosas hechas a mano.

    Yo lo que llevo un poco mal (y como decía el otro, estoy trabajando en ello) es el tema del uncluttering. Dentro de poco me mudo de piso, y veo que tengo demasiadas cosas después de 4 años independizada, y que la mudanza me va a llevar mil años. Sé que jamás en la vida voy a volver a leer los apuntes de las asignaturas de estadística de la carrera (horreur!), pero soy incapaz de deshacerme de ellos. A ver cómo me apaño! Además soy bastante contradictoria, porque por una parte me encanta limpiar la casa y verla despejada, pero por otra, voy a Ikea y no puedo evitar comprarme cachivaches como moldecitos de pasteles que al final acabo usando un par de veces y abultan un montón en la alacena. Me molaría tener una casa estadounidense con jardín y montar mi mercadillo de primavera para deshacerme de toda la cacharrada que ya no utilizo! Pero si lo hago en mi calle me mirarían raro y me pondrían una multa, jajajaja!

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    1. Exacto! Últimamente muchísima gente ha empezado a hacer cosas con las manos, desde cero, sean fotos, pan, jerseys o muebles. Y el que no las hace, las valora y las compra.

      Si te soy sincera, yo tiré mis apuntes de la facultad hace apenas dos años. Siempre había pensado que los iría digitalizando poco a poco y los guardaría como referencia en el ordenador (jajaja). A mí también me cuesta un montón lo del uncluttering, pero realmente he visto que es la única manera de aprovechar al máximo el tiempo y el espacio (e incluso el dinero!). Por eso últimamente intento no ir a Ikea (jajajaja). De todos modos, yo creo que lo del uncluttering va poco a poco y luego te conquista. Yo todavía no tengo (ni de lejos) la casa tan vacía como me gustaría, pero me doy cuenta de que cada vez soy más implacable en mis limpiezas y que estas son cada vez más frecuentes. A lo mejor a los 60 tengo la casa perfecta...

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