Pussyhat project

20 de febrero de 2017

Soy feminista. Así, con punto y sin peros.

A veces tengo ganas de subirme a un banco de la plaza y gritarlo. A veces tengo ganas de dar un golpe sobre la mesa y aullarlo. A veces tengo ganas de hacer camisetas y regalarlas a la salida del metro.

Y es que no sé si sabes que ser feminista, por desgracia, es hoy más relevante que nunca.

Hace unos días vi una foto que se ha ido haciendo viral. Una señora con una pancarta, no me queda claro en qué manifestación. Podría ser en una de las marchas de mujeres de Estados Unidos. O podría ser en cualquier otro rincón del mundo. Así de mal estamos. La cuestión es que la mujer lleva una pancarta en la que se lee: "Es increíble que tenga que seguir protestando por esta mierda":


¿No es cierto? ¿No te parece demencial que sigamos exigiendo lo que ya exigieron nuestras madres y nuestras abuelas? ¿No es una locura que se sigan tomando decisiones sin nosotras sobre cosas que nos afectan a nosotras? ¿No es alucinante que se siga hablando de las mujeres como objetos y se siga opinando sobre nosotras como si fuésemos un mueble del comedor?

Estoy harta.


Harta de que tengamos que justificar el largo de nuestra falda, de que tengamos que soportar oír que nos violan o nos maltratan porque provocamos, de escuchar palabras como "feminazi", de que haya jueces que ponen en duda agresiones sexuales, de que sigamos cobrando mucho menos que nuestros compañeros y tengamos muchas menos posibilidades de ascenso, de que sigamos llevando el peso de la casa y de los niños, de que nos miren mal si decidimos no tener hijos ni pareja, de que se nos juzgue por todo lo que hacemos (y especialmente por el aspecto que tenemos), de soportar micromachismos cotidianos casi sin darnos cuenta porque estamos tan habituadas a ellos que a veces no los reconocemos. Y de escuchar eso de que sí, es verdad hay machismo, pero el peor es el machismo de las propias mujeres.

Y también estoy harta de que ante todo eso digamos que somos feministas con la boca pequeña, para que nadie crea que odiamos a los hombres. ¿Qué tendrá eso que ver? ¿Desde cuándo ser feminista tiene NADA que ver con los hombres? ¿A qué viene ese penecentrismo? Decir que queremos que las mujeres tengan los mismos derechos que merece todo ser humano no es decir nada sobre los hombres. ¿Y acaso no hay hombres feministas? (Sí, sí los hay. En mi casa hay tres.)

Hay que ser feminista. No entiendo que puedas no serlo. No entiendo que justifiques esta esclavitud moderna. No entiendo que no veas todo lo que nos estamos perdiendo por cerrarle sistemáticamente el paso a las mujeres. No entiendo que no comprendas que necesitamos todo el potencial que tenemos, venga de quien venga, sea del sexo y la raza que sea. No lo puedo entender.

Y sí, el país más poderoso del mundo está gobernado por un hombre que habla de las mujeres en términos peyorativos. Un hombre que dice que le encanta coger a las mujeres por el coño. ¿No te parece totalmente inconcebible?

Pues eso debieron pensar en su día las organizadoras de la marcha de la mujer. Y eso también debieron pensar las impulsoras del Pussyhat Project.

En inglés, "coño" se puede decir de muchas maneras (y me estoy controlando para no escribírtelas todas) pero una de las más habituales en EE. UU. es "pussy". "Gato" o más bien "gatito" se dice a su vez "pussycat", así que las impulsoras de este proyecto decidieron adaptar el nombre y hacer un juego de palabras con estos dos conceptos y "hat" que significa gorro. Es decir, vendría a ser "el gorro del gato/coño".

Se trata de un gorro rosa cuadrado. Cuando te lo pones en la cabeza (más o menos esférica, según el caso, yo soy más bien del bando Alien vs. Predator, es decir, cabezona que te mueres, en los dos sentidos de la palabra) salen solas las dos orejitas triangulares de un gatito.

Este gorro es un símbolo. El símbolo de la lucha de las mujeres para conseguir el sitio que les corresponde en la sociedad. Para dejar de tener miedo. Para poder aprovechar todo su potencial. El símbolo de que somos como somos y no vamos a pedir perdón por eso. El símbolo de que no vamos a tolerar que se desprecien las cosas porque sí, por prejuicio, porque son rosas o son femeninas. El símbolo de que estamos orgullosas de lo que somos, ¿cómo no íbamos a estarlo?



¿Qué puedes hacer tú?


Gracias por preguntarlo.

  • Lo primero y más importante de todo es que seas consciente de que estas cosas pasan. No salen de las páginas de un libro victoriano: estas cosas pasan aquí y ahora, y como forman parte de nuestra vida cotidiana, a veces no las notamos. Empieza a ser consciente de cómo nos hablan a las mujeres, de cómo nos tratan. Y de lo que haces tú sin darte cuenta. Sacúdete de encima los prejuicios.
  • Intenta desbloquearte el 8 de marzo para ir a la manifestación de tu ciudad o tu pueblo. Ya sé que da pereza, pero queda mucho camino por recorrer y solo podemos hacerlo juntas. Sí, en casa estás más calentita, pero ya va siendo hora de movernos y exigir que nos escuchen si es que queremos que cambien las cosas.
  • Hazte un pussyhat. Aquí tienes la traducción del patrón, pero cada vez hay más gente montando talleres y colgando tutoriales. En Rosas Craft habrá un taller el día 28 (y yo voy a hacer todo lo posible por estar ahí!).
  • ¿No puedes ir a la manifestación? Téjele un gorro rosa a alguien que vaya. Pregunta entre tus amigos, o escribe directamente a quien organice la manifestación en tu ciudad. Envíales tus gorros rosas.

No se me ocurre mejor manera de reivindicar nuestra fuerza que con un gorro tejido a mano y de color rosa. Eso que gran parte de la población mundial despreciaría como cutre (o que Cristiano Ronaldo calificaría de "barato":)). Eso que nos hace diferentes. Eso que hacemos nosotras como tantas y tantas otras cosas, con las manos, en comunidad, ayudándonos, reuniéndonos para charlar. Eso es lo que nos hace únicas.

6 comentarios:

  1. Así se habla! Estoy 100 por cien de acuerdo. Solidaridad, hermana.

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  2. Excelente reflexión. Estoy totalmente de acuerdo contigo en los micromachismos diarios y asumidos de los que no somos conscientes. El poder del lenguaje, de las palabras que usamos cada día. En mi parcelita siempre intento concienciar sobre ello. Por que tu pareja puede hablar de ti como su mujer pero no está socialmente aprobado que tu puedas referirte a el como mi hombre, sino sólo como mi marido? Esos matices sutiles que indican que tu le perteneces al completo... pero el a ti... solo un trocito...
    En fin... que me gusta la idea del gorro... ;)

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  3. Excelente reflexión. Estoy totalmente de acuerdo contigo en los micromachismos diarios y asumidos de los que no somos conscientes. El poder del lenguaje, de las palabras que usamos cada día. En mi parcelita siempre intento concienciar sobre ello. Por que tu pareja puede hablar de ti como su mujer pero no está socialmente aprobado que tu puedas referirte a el como mi hombre, sino sólo como mi marido? Esos matices sutiles que indican que tu le perteneces al completo... pero el a ti... solo un trocito...
    En fin... que me gusta la idea del gorro... ;)

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  4. ¡Hola!
    me ha encantado la entrada, es muy original jeje, por cierto, no conocía tu blog y es bastante interesante así que he decidido seguirte, ¿Me seguirías devuelta si te gusta mi contenido?.
    ¡Un abrazo!

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  5. Muchas veces me planteo si no hay que cambiar la palabra (como hicimos cuando pasamos de hablar de "calentamiento global" a "cambio climático") para evitar gastar tiempo explicando en lugar de pasar a la acción, más que necesaria.

    Pero luego pienso que no, que hay que explicar, aunque sea mil millones de veces, que algo quedará.

    Y no sé tejer... pero me lo dibujaré! xD

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